El Mundo
Trump acelera su autoritarismo: Tengo derecho a hacer lo que quiera
El lunes, poco antes de presumir en la Casa Blanca ante el presidente de Corea del Sur de buena relación con Kim Jong-un y con Vladimir Putin y de alabar a Xi Jinping, Donald Trump firmaba cuatro órdenes ejecutivas ante la prensa. Una de ellas incluía instrucciones al Departamento de Defensa para crear en la Guardia Nacional, que desde mediados de…

El lunes, poco antes de presumir en la Casa Blanca ante el presidente de Corea del Sur de buena relación con Kim Jong-un y con Vladimir Putin y de alabar a Xi Jinping, Donald Trump firmaba cuatro órdenes ejecutivas ante la prensa. Una de ellas incluía instrucciones al Departamento de Defensa para crear en la Guardia Nacional, que desde mediados de mes el presidente de Estados Unidos ha desplegado junto a agentes federales en las calles de Washington y cuyas tropas ya patrullan armadas, una “unidad especializada dedicada a asegurar la seguridad pública en la capital que pueda ser desplegada cuando las circunstancias lo hagan necesario”.“Podría ser desplegada en otras ciudades donde se ha perdido la seguridad pública y el orden”, reza el decreto.
En ese mismo acto, y también luego ante los periodistas sentado junto a su invitado de Seúl, Trump volvía a señalar a esas “otras ciudades” que lleva tiempo poniendo públicamente en la lista de despliegues federales y militares inminentes, con argumentos que mezclan su campaña de deportaciones de inmigrantes y una supuesta “emergencia de crimen” como la que ha esgrimido en DC. Hablaba de Chicago (donde fuentes de AP y CNN ya señalan a una operación que comenzaría el día 5) , Baltimore, Nueva York….Todas urbes gobernadas por demócratas, todas con políticas “santuario”, todas con numerosa población negra.
Ese mismo lunes, poco después de las ocho de la tarde, Trump anunciaba colgando una carta de despido en Truth Social el cese de Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal. Se trata de un paso sin precedentes, ya retado en los tribunales, que pone en jaque la independencia del banco central de EEUU.
La intensa jornada era solo el arranque de una semana que ha dejado de manifiesto cuánto y cómo Trump está acelerando la expansión de su poder, su avance en su segundo mandato hacia una autocracia, o, cuando menos, hacia lo que los politologos Steven Levitsky y Lucan Way bautizaron como autoritarismo competitivo, un tipo de regimen híbrido en que hay instituciones democráticas pero donde los gobernantes abusan constantemente del poder.
A las acciones, palabras y amenazas ya mencionadas Trump sumaba muchas más en los días siguientes. En una lista que no es exhaustiva aparecen otra llamada a acabar con el voto por correo; un mensaje pidiendo que se arreste y se impute por crimen organizado a George Soros y su hijo por su apoyo a manifestaciones; el despido de la directora de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades; la retirada de la protección del servicio secreto a Kamala Harris y una reuníón de gabinete ante las cámaras y rueda de prensa que durante más de tres horas y cuarto fue una mezcla de maratón de reality tv y competición entre sus altos cargos por exponer lealtad y superarse en halagos al mandatario .
Dictador
Tanto el lunes como el martes Trump repitió la idea de que “mucha gente está diciendo: quizá nos gustaría un dictador”. Lo hacía, los dos días, negando ser él mismo uno y diciendo que con sus medidas, especialmente en lo que se refiere al despliegue de los militares en ciudades estadounidenses, está solo actuando “con sentido común”. Pero también declaraba: “Puedo hacer cualquier cosa que quiera hacer. Soy el presidente de EEUU”.
Marc Short, que fue director de asuntos legislativos durante el primer mandato del presidente, le ha dicho a ‘The Wall Street Journal” que “Trump ha aprendido que no hay mucho que pueda frenarle”. Y Douglas Brinkley, historiador presidencial de la Universidad de Rice, opinaba en el rotativo que el republicano se muestra motivado por “tener control sobre todas las instituciones. Parece que quiere coger a todo el mundo por el pescuezo y decirles: ‘mando yo’”.
La visión expansiva de la autoridad de Trump, que choca con el principio constitucional de la separación de poderes, también la propagaba esta semana el vicepresidente, J.D. Vance. En una entrevista en la que se le preguntó por el cese de Cook, la gobernadora de la Fed. Vance dijo que Trump es “mucho más capaz” de tomar determinaciones de política monetaria que “burócratas no elegidos”.
Incluso más preocupante, si cabe, son declaraciones como la que esta semana ha hecho Stephen Miller, uno de los asesores de Trump de su círculo más cercano, y uno de los más radicales e influyente. “El Partido Demócrata no es un partido político: es una organización extremista”, dijo en una entrevista en Fox News, disparando los miedos de que el republicano vaya a combinar su espíritu de venganza y retribución con el despliegue de fuerza que ya ha comenzado y que ha hecho comunes en EEUU las visiones de agentes enmascarados y no identificados.
De esos cambios alertaba esta semana el expresidente Barack Obama. “La erosión de las garantías legales y el creciente uso de nuestros militares en suelo nacional pone en peligro las libertades de todos los estadounidenses y debería preocupar tanto a demócratas como a republicanos”, escribía en X el antiguo mandatario tras compartir un artículo/entrevista/podcast de Ezra Klein titulado «Trump está construyendo su propia fuerza paramilitar» y que repasa “peligrosas tendencias de los últimos meses de federalización y militarización de funciones policiales locales y estatales”.
Alarmismo y riesgos
Don Moynihan, profesor en la Escuela Gerald Ford de Política Pública de la Universidad de Michigan, es uno de los muchos expertos que en los últimos días han intensificado las alertas por los avances de Trump en su consolidación de poder y en sus esfuerzos por neutralizar cualquier oposición o disenso. En uno de sus escritos en Substack asumía que será acusado de «alarmismo» pero añadía: “el riesgo mayor hoy es no reconocer las amenazas”.
El portal ‘Axios’, mientras, presentaba esta semana una balance del asalto de Trump a las instituciones y afirmaba: “en solo siete meses ha consolidado enormemente poder con un manual simple: capturar lo que puede, retar lo que no puede y castigar a los que se resisten”. El repaso apuntaba a que “en la burocracia federal queda poca pretensión de independencia”, ya sea en el Departamento de Justicia, la comunidad de inteligencia o las agencias independientes. En lo que respecta a las Fuerzas Armadas, el Congreso, el mundo académico y el de los bufetes de abogados y el de las empresas, se ve una interferencia constante pero también que Trump todavía no ha impuesto su dominio total. Y como contrapesos,quedan, pese a sus asaltos y con distinta fuerza tribunales, medios de comunicación y el Partido Demócrata.
Este viernes por la noche un par de decisiones en los tribunales, contra parte de sus aranceles y contra parte de su campaña de deportaciones de inmigrantes, recordaban esa realidad. Pero muchos ojos siguen pendientes del Tribunal Supremo, donde la supermayoría conservadora el año pasado amplió de forma inédita la inmunidad presidencial dando alas a esta deriva autoritaria de Trump y que en estos siete meses de su segunda presidencia ha dado carta blanca a la mayoría de sus acciones retadas con demandas, a menudo con decisiones de emergencia sin explicar sus argumentos.
Trump, por su parte, no ceja en su empeño. Horas antes de esos reveses judiciales este viernes enviaba al Congreso una carta cancelando unilateralmente con una maniobra inusual 4.900 millones de dólares que las cámaras ya habían apropiado para partidas como contribuciones a Naciones Unidas y a programas de ayuda internacional.
La semana, además, había dejado otras muestras más de su ambición de su revolución personalista y populista. En vísperas de la fiesta del trabajo, que se celebra este lunes, Trump ha intensificado el asalto a los sindicatos y el jueves firmó una orden ejecutiva instando a varias agencias federales, incluyendo la NASA, a acabar con sus convenios colectivos.(los sindicatos han estado presentando muchas demandas contra recortes de personal y otras medidas).
La Administración Trump también ha puesto en baja administrativa a más de tres decenas de empleados de la agencia de gestión de emergencias que, ante el aniversario del huracán Katrina, habían firmado una carta criticando recortes y asaltos a la ciencia. Y el viernes se sabía que siete empleados de la Agencia de Protección Ambiental que hace unos meses hicieron una crítica similar en su entidad habían sido despedidos.
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