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Sorpresas te da la vida, por Lluís Carrasco

La canción ‘Pedro Navaja’, compuesta por Rubén Blades, e interpretada por él mismo junto a Willy Colón, nos recordaba eso de «la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Ay, Dios» ¿Recuerdan?Seguir leyendo….

La canción ‘Pedro Navaja’, compuesta por Rubén Blades, e interpretada por él mismo junto a Willy Colón, nos recordaba eso de «la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Ay, Dios…» ¿Recuerdan?

Pues una de esas sorpresas se dio en el Allianz-Arena de Múnich con la descomunal propuesta futbolística del PSG de Luis Enrique Martínez ante un Inter de Milán que resultó una triste comparsa en sus manos y a sus pies. Solamente la estúpida, sospechosa y negligente gestión arbitral del equipo de Szymon Marciniak, impidió que se pudiese ver y disfrutar sobre el tablero de césped del santuario del Bayern, a los dos reyes del momento y el partido que el mundo entero quería disfrutar y merecía vivir: el equipo de la capital parisina dirigido por un asturiano divino, felino y chalado, contra los niños osados, y a veces irreverentes, de Hans-Dieter Flick que conforman hoy el FC Barcelona.

Dichas y fracasos

Pero sorpresas te da la vida, y nos tuvimos que conformar viendo y viviendo la mayor goleada jamás contemplada en una final de la UEFA Champions League. Sinceramente, una decepción de partido. La canción a la que hago referencia, nos enseña en realidad, que la vida está compuesta de eso, de dichas y de fracasos, de besos que te arrancan la boca, y bofetadas que te la revientan, de excelencia y también adocenamiento y vulgaridad, de risas, y de lágrimas eternas. Y ese caprichoso yin y yang que ilustra la vida de todos, si en un hombre se ha fijado, en lo bueno y en lo malo, de manera desbordada, encarnizada en algún episodio feroz de su existencia, y en otros lares, de manera fértil y generosa, es en el héroe indiscutible de ese encuentro. Es en Luis Enrique.

Sorpresas te da la vida ¿verdad?, y él, hace tiempo ya que decidió que no las escondería, ni las rehuiría, ni tan solo las lamentaría. Decidió que las compartiría con «PASIÓN» (la clave de su vida y ahora también de sus equipos) con todo aquel que lo quiera, y sobre todo, con el cielo. Y el cielo, ya ven, no quiso esperar. Felicidades, míster.

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