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Razonamientos de perfil bajo, por Enrique Ballester
Ante la duda, recomiendo la calma, la observación y el análisis. Cuando iba a ser padre por primera vez, creo recordar que en algún momento dudé si sabría ser padre, pero enseguida me tranquilicé. Con la de idiotas que conozco que son padres, con la de idiotas que habrán sido padres en la historia de la humanidad en todos los continentes,…

Ante la duda, recomiendo la calma, la observación y el análisis. Cuando iba a ser padre por primera vez, creo recordar que en algún momento dudé si sabría ser padre, pero enseguida me tranquilicé. Con la de idiotas que conozco que son padres, con la de idiotas que habrán sido padres en la historia de la humanidad en todos los continentes, latitudes e idiomas, por qué no puedo ser yo uno de esos idiotas, me dije, también. Y aquí estoy, con tres hijos. Sin saber.
Este sencillo razonamiento me ha acompañado con frecuencia a lo largo de mi vida. Reconforta como un abrazo. Cuando iba al examen del carnet de conducir, tenía la misma duda sobre mi capacidad, pero entonces pensé en todos los adultos mediocres con coche que había conocido en mi vida y me animé pensando que yo también podía ser uno de esos adultos mediocres. Y aprobé. A la tercera, pero aprobé.
Lo cierto es que esta fórmula funciona con casi todo. No es muy ambiciosa, pero ayuda. Es un realismo nada mágico. La primera vez que me sacaron de la sección de Deportes y me enviaron a cubrir un juicio, pensé también que no sabía nada y que haría el ridículo. Después, en los pasillos de la Ciudad de la Justicia, me aferré a mi pensamiento positivo/negativo. Ya lo sabéis: con la cantidad de idiotas que han cubierto un juicio en la historia del periodismo, y no ha pasado nada, por qué no puedo yo ser uno de esos idiotas ahora.
No sé si me ganaré la vida como coach, pero esta forma de salir adelante la recomiendo muchísimo. La infancia termina cuando dejas de idealizar los comportamientos adultos. Ayuda que tus amigos se hagan profesores, que antes te parecían Dioses clásicos los profesores y ahora son tus amigos los que corrigen exámenes y dan clase. Vamos, no compares.
En todo esto, la observación es básica. Con bastante probabilidad, todos aquellos que admirabas poseían como principal virtud haber nacido antes. No es que fueran más listos, es que te llevaban décadas de ventaja, simplemente, como los niños grandotes que destacan en las canteras por haber crecido antes
Por eso, genios aparte, lo mejor es no fliparse. Lo que piensas ahora ya lo había pensado alguien antes. Lo que hoy escribes ya lo había escrito otro en el siglo XIX, y lo mismo sirve para lo que sientes, lo que sufres y lo que haces. Lo siento: no somos únicos ni especiales.
Encontrar a otros peores
También sugiero mi razonamiento de perfil bajo a los equipos de fútbol en apuros. Diría que es la mejor opción para suavizar el miedo, que aún estamos en septiembre. Yo reuniría a los jugadores en el vestuario, rebajaría al aire trascendente y les explicaría ‘oigan, con la cantidad de equipos malos que logran sus objetivos cada temporada, por qué no podemos ser también nosotros uno de esos equipos malos’. Que sepan que van a fallar y a equivocarse, pero el rival cometerá sus errores. Porque a menudo la clave no es tanto ser el mejor, ni pensar a lo grande, sino encontrar a otros peores y aprovecharte. Lo demás te acerca a la frustración la mayoría de veces.
