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O se van, o no llegamos a Madrid
O se van, o no llegamos a Madrid. Ojalá me equivoque. La Vuelta y el ciclismo son un extraordinario escaparate; entre otras cosas, para mostrar la irritación y el enojo que mucha gente siente por el genocidio que se está produciendo en Gaza. Y lo ocurrido este miércoles en Bilbao no parece que sea otra cosa que la punta del iceberg.Seguir…

O se van, o no llegamos a Madrid. Ojalá me equivoque. La Vuelta y el ciclismo son un extraordinario escaparate; entre otras cosas, para mostrar la irritación y el enojo que mucha gente siente por el genocidio que se está produciendo en Gaza. Y lo ocurrido este miércoles en Bilbao no parece que sea otra cosa que la punta del iceberg.
UCI, Tour (que mandan y mucho) y Vuelta tienen que ponerse las pilas porque la protesta por la presencia del equipo de Israel no sólo no se va a frenar después de lo ocurrido en Bilbao -y no vale que se apunte a que los vascos toman conciencia más que otros pueblos con estos dramas humanos- sino que mucha gente que no tenía ni puñetera idea de que existía un equipo ciclista patrocinado por Israel, ahora ya está al corriente y las imágenes de Bilbao, en un mundo que se vuelve viral a través de internet, ya las ha visto mucha gente y no me cabe duda que también Benjamin Netanyahu desde Tel Aviv.
Proteger a los ciclistas
Hay que proteger a los ciclistas. Si por desgracia se caen que sea por un incidente de carrera, un enganchón en el pelotón, la excesiva velocidad en una bajada, un despiste, pero no porque se corte la carrera por una legítima protesta como es mostrarse en contra de la barbarie que ocurre en Gaza.
Los ciclistas hablarán, no sé si este jueves en la salida de Cantabria, los equipos adversarios al Israel guardan silencio porque ninguno de ellos quiere tirar la primera piedra. Los nervios están a flor de piel. La dinamita sólo está pendiente de que se encienda la mecha. Si no se soluciona de aquí a Madrid, en la capital española ya se están empezando a programar actos contrarios al conjunto israelí. Y allí vive mucha gente. Son muchas las corrientes y el ciclismo vuelve a ser un teatro magnífico para que una protesta se vea en todas las ciudades del mundo, Jerusalén, por ejemplo, incluida.
Decisiones
Se pueden tomar decisiones. Se han expulsado discretamente en otros tiempos a corredores por doparse o a equipos por mirar hacia otro lado, o tolerar el uso de sustancias prohibidas en sus filas. Si Israel se va, se acaba el conflicto y la Vuelta volverá a ser lo de siempre, lo que gusta a los que amamos el ciclismo, emocionarse de la pelea de los corredores, levantarse del sofá cuando hay un ataque consistente, sufrir con un corredor estimado que se descuelga o disfrutar con las imágenes que ofrece la carrera y los comentarios culturales que narra Carlos de Andrés. Pero para ello se necesitan protagonistas en la carretera, aunque sobren algunos, por desgracia. Los ciclistas de Israel no tienen culpa alguna de lo que hace su patrocinador en Gaza pero deben de ser conscientes de la publicidad que llevan en el pecho y acarrear las consecuencias.
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