El laportismo pasó el día de ayer mirando hacia otro lado. Incluso el presidente miró hacia otro lado. Incluso el club miró hacia otro lado. Incluso sus plumillas miraron hacia otro lado o prefirieron escribir bucólicamente sobre la hermosura de la foto, del video de D10S’ regresando al Camp Nou.Seguir leyendo….
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El laportismo pasó el día de ayer mirando hacia otro lado. Incluso el presidente miró hacia otro lado. Incluso el club miró hacia otro lado. Incluso sus plumillas miraron hacia otro lado o prefirieron escribir bucólicamente sobre la hermosura de la foto, del video de ‘D10S’regresando al Camp Nou.
El oficialismo recibió ayer la mayor bofetada de la última década. Sin ser boxeador, Leo Messi estampó en la cara de Joan Laporta un manotazo que se recordará durante años. Pero todos miraron hacia otro lado. Nadie quiso verbalizar, ni escribir, ni interpretar el gesto de la visita clandestina del ídolo culé a su casa, como lo que fue: una auténtica bofetada, con la mano abierta, con los cinco dedos extendidos, de ‘La Pulga’ al presidente que le hizo llorar.
Al presidente, a su séquito, al laportismo, no le interesa hacer una lectura real, cierta, de lo que ocurrió ayer en las redes: Messi le dijo a Laporta, por activa y por pasiva (no sé qué dirá hoy en la entrevista del diario ‘Sport’, probablemente no se atreverá a tanto) que deje de utilizar su nombre para seguir ganándose a los culés.
El mensaje, el video, de Leo Messi va dirigido, muy especialmente, a Joan Laporta, que no para de hablar de ‘La Pulga’: yo no te necesito para volver a mi casa, no necesito que me invites, yo entro sin llaves en mi casa, el Camp Nou es mi casa.
Bueno dijo más: yo no te necesito para volver a mi casa, no necesito que me invites, yo vengo cuando me da la gana, yo entro en el Camp Nou sin que tú me acompañes, yo entro en el Camp Nou sin tener las llaves, yo no necesito las llaves de mi casa para entrar.
Puede, no tengo duda alguna, que ‘La Pulga’ habrá blindado la jubilación del señor que le permitió entrar en su casa en la tarde-noche del domingo, mientras el Barça ganaba en Vigo (perdón, según la cuenta del Barça: en Celta) y el jefe de protocolo del club no se enteraba de la visita del más grande, pues estaba en el concierto de Katy Perry, en el Olimpic de Montjuïc.
Leo Messi rompe a llorar el día que Joan Laporta anunció que no pensaba renovarle. / EL PERIÓDICO
El presidente, su séquito, el oficialismo está bloqueado. El gol, el bofetón, propinado por Messi ha sido tremendo. Ellos saben que ‘La Pulga’ no apoyará candidatura alguna, pero lo temen. Es a quien más temen y por eso Laporta no cesa de hablar, un día tras otro, del homenaje que piensa hacerle a ‘D1OS’. Y Leo no cesa de cabrearse al comprobar que el presidente que le hizo llorar, lo utiliza en su beneficio. De ahí viene el bofetón, con nocturnidad y alevosía.
El presidente, su séquito, el oficialismo olvidan (y hacen mal) que Messi, Antonela y sus tres hijos (les recomiendo que vean el video donde aparece la habitación de Thiago, en Miami, repleta de símbolos culés, toooooda la habitación) llevan, desde el 8 de agosto de 2021, llorando. Leo lleva 1.556 días llorando.
¿Saben cómo le llama ‘Olé’, el prestigioso diario deportivo argentino, a aquella conferencia del 8 de agosto de 2021 en la que Laporta incumplió su promesa de renovar a Messi? “La conferencia del puñal”.
“Nunca imaginé que dejaría el Barça así”, dijo, entre lágrimas aquel 8 de agosto de 2021. “Me hubiese gustado hacerlo con gente en el campo. Poder escuchar una última ovación de ellos. Los extrañé mucho durante la pandemia. Extrañé tenerlos cerca. Su aliento. Oír corear mi nombre (…) Me toca despedirme de esto. Toda mi vida acá. Llegué de muy chiquito y, después de 21 años, me voy con mi mujer y con tres catalanes-argentinos. Vamos a volver. Se lo prometí a mis hijos”.
¿Saben cómo le llama ‘Olé’, el prestigioso diario deportivo argentino, a aquella conferencia del 8 de agosto de 2021 en la que Laporta incumplió su promesa de renovar a Messi? ¿Saben cómo la llama? ¿Quieren saberlo?: “La conferencia del puñal”.
No es de extrañar, pues, que Messi esté dolido, muy dolido, por todo lo que significó para él y, sobre todo, con todo el dolor que provocó en su familia aquel desplante de Laporta. Los Messi aman, por encima de todo, al Barça. A los Messi les encanta Barcelona, Catalunya. Los Messi siguen teniendo reservada, a diario, se les ocurra o no acudir a comer, una mesa en el Casanova Beach Club, de Castelldefels. A Messi se le espera siempre en Barcelona.
Pero será Messi quien decida cuándo, cómo y con quién. No Laporta, que hubiese pagado toda la fortuna que atesora, ático de la Diagonal incluido, por acompañar a Messi en esa visita clandestina al Camp Nou. Pero, amigos, la agenda de Messi la maneja Messi. Laporta se lo ha buscado.