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Mejor cobrar 1.500 euros por entrada que exigir a Limak los 355 millones de penalización

Es muy posible, ensimismados como están con ese deslumbrante Lamine Yamal, para bien o para mal, de día o de noche, hasta de madrugada y con el regreso, por cierto, bastante barato, al Spotify Camp Nou un año después de lo previsto!, que los socios y votantes del FCBarcelona no se hayan dado cuenta, o sí y les dé igual, que…

Es muy posible, ensimismados como están con ese deslumbrante Lamine Yamal, para bien o para mal, de día o de noche, hasta de madrugada y con el regreso, por cierto, bastante barato, al Spotify Camp Nou ¡un año después de lo previsto!, que los socios y votantes del FCBarcelona no se hayan dado cuenta, o sí y les dé igual, que la carrera electoral ha comenzado.

Y ha empezado con alguien, algunos, muchos, unidos y reconociendo que, sí, que ya estamos en meses electorales y el presidente Joan Laporta y su séquito, cómo no, mintiendo hasta llegar al extremo de que, en su radio preferida, protegido por su grupo preferido y fiel (su intervención de ayer en RAC1 fue de un peloteó –casi- asqueroso), llegó a decir, 24 horas antes de que convoque a sus socios, con mascota CAT y trofeos ganados para que se hagan fotos en Sant Cugat, que él no responde a Víctor Font “porque significaría entrar en campaña” y él, en lo que está, es en dirigir al Barça.

Esos socios anestesiados, dormidos, complacidos, deberían reflexionar, al apagar la luz de su mesita de noche, sobre el hecho de que se encuentran ante la última oportunidad de salvar al ‘mès que un club’ de ser presa de los prestamistas, todos.

La última bala

Y, sobre todo, deberían saber que empieza a intuirse que esta será una campaña larga entre la planificación, la verdad, la honestidad, la profesionalidad y los buenos gestores contra la improvisación, los acuerdos poco transparentes, las comisiones ocultas y, sobre todo, el cinismo. Mucho cinismo.

Y no solo, no, el cinismo que gasta el presidente al estar ya en campaña y decir que no lo está, sino, por ejemplo, el cinismo que gasta su vicepresidenta Elena Fort (“que lo va a seguir siendo”, dijo Laporta en RAC1, como si alguien hubiese pedido que prescindiese de ella), que, no hce mucho, este mismo año, llegó a quejarse de que un curasán y un zumo de naranja costase, en un bar cercano al Clínici, “6 euros. De debò, cal!”

Víctor Font y Xavi Hernández, en el acto de despegue de la precampaña electoral.

Víctor Font y Xavi Hernández, en el acto de despegue de la precampaña electoral. / Manu Mirtru

De verdad, en serio, qué parte del escándalo de los precios de las entradas no entienden Laporta, la señora Fort y todo su séquito. Hay quien está convencido de que los precios de las entradas y los abonos van a subir ¡ya! y no pararan de subir. La escalada ha llegado para quedarse. El engranaje del club, cuentan, está basado en esa cultura y la deuda del Espai Barça más el hambre de Goldman&Sachs acabará de rematar la jugada. Y, mientras, insisto, Fort seguirá haciendo demagogia desde las redes.

Es muy posible, sí, que Víctor Font logre aglutinar a todos los grupos que pretenden ganarse, que no comerse, su parte del pastel electoral, pero lo más importante es que consiga algo mucho más difícil, complicado y, por supuesto, necesario, como es contar con la colaboración y presencia de auténticos culés, de grandes profesionales, de los mejores gestores en cada una de las áreas donde Laporta tiene, ahora, a familiares, amigos, enchufados, comisionistas y asesores con sueldos astronómicos.

Que pague Limak

Va a ser un pulso entre un régimen presidencialista, tan de moda, lamentablemente, en el mundo actual (no me hagan escribir la lista de ‘trumpistas’ que gobiernan el mundo y entidades inmensamente poderosas) y un grupo de inquietos culés que pretenden salvar al Barça de las garras de auténticos oportunistas, que, para mantenerse en el palco, han endeudado a la entidad hasta límites insospechados (alguien averiguará algún día la profundidad de esos números), poniendo al Barça en manos de los prestamistas.

Es posible, incluso, que ni siquiera aglutinando a los mejores, Fort, Guardiola (Jaume, por supuesto, dejemos al margen a Pep y a Leo Messi, que tanto teme Laporta) y demás gestores valiosos, la candidatura unitaria (única propuesta creíble) pueda plantar cara y derrotar a un presidente que, muchos meses antes de la votación, ya ha demostrado que tiene su maquinaria más que engrasada, los medios amigos dispuestos a apoyarle y, como poco, esos 30.184 socios que le votaron, a los que, por lo visto, les da igual que Elena Fort prefiera estrangularles con entradas a 1.500 euros, antes que exigirle, de una vez por todas, a Limak que pague, a día de hoy (19 de noviembre de 2025), los 355 millones de euros de penalización que acumula por el retraso que, el sábado, se celebrará a lo grande.

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