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Las mujeres de Irán inician una «revolución cultural» y se quitan el velo ante la debilidaddelrégimen

Todos, una treintena de personas, mueven la cabeza arriba y abajo al ritmo de la música. Ante los asistentes, un grupo de cuatro músicos uno de ellos es una mujer tocan ‘Seven Nation Army’, famosísima canción del grupo estadounidense de rock ‘The White Stripes’. Seguir leyendo….

Todos, una treintena de personas, mueven la cabeza arriba y abajo al ritmo de la música. Ante los asistentes, un grupo de cuatro músicos —uno de ellos es una mujer— tocan ‘Seven Nation Army’, famosísima canción del grupo estadounidense de rock ‘The White Stripes’

Todos los músicos —y la música— van vestidos como es obligatorio: todos de negro, mangas largas, algún piercing suelto y, por encima de todo, pelo largo al aire. La escena parecería normal si no hubiese ocurrido hace dos semanas en Teherán, la capital iraní, un lugar en el que todo lo que pasó esa noche está prohibido: desde una reunión en la calle de hombres y mujeres juntos, hasta música estadounidense, mujeres bailando en público y, por encima de ello, ninguna llevando el velo obligatorio.

Pero ocurrió, y en los últimos meses la imagen se ha vuelto cotidiana en la capital persa. Cada vez son más en Irán los que desafían las normas impuestas por una República Islámica cada vez en más retirada. 

No hace tanto —tres años y dos meses— que la muerte de la joven Mahsa Aminí, detenida por la policía de la moral por precisamente llevar el velo islámico de forma supuestamente incorrecta desató una ola de protestas y represión brutal, que mutó en un movimiento de resistencia de mujeres que empezaron a quitarse el hiyab en espacios públicos. La República Islámica reaccionó y recrudeció sus medidas para mantener la obligatoriedad del velo: desde cámaras de videovigilancia en las calles hasta penas más duras para las mujeres que no usen el velo obligatorio y el despliegue de más agentes de la moral en las ciudades.

Pero hace un año, el presidente ultraconservador iraní Ebrahim Raisí murió en un accidente de helicóptero, y en su posición fue elegido un moderado, Mesud Pezeshkian

Después, en junio de este año, llegó el punto de inflexión: la derrota en la guerra de bombardeos de 12 días contra Israel, que descabezó casi por completo la cúpula militar de Irán, ha dejado a la República Islámica en una posición de enorme debilidad, tanto dentro como fuera del país. 

Las escenas de mujeres sin velo en las calles, ahora, no solo ocurren en barrios de clase media y progresistas del norte de Teherán, sino que también ocurren —algo menos, por supuesto— en regiones y ciudades más conservadoras, como Kermanshah, Hamedan y Dezful

«La República Islámica está caminando por una línea frágil en la que está siendo superada por un cada vez más grande número de mujeres y chicas que no respetan las leyes del hiyab obligatorio, mientras los líderes del país temen que una excesiva represión contra las mujeres que les desafían pueda llevar a la gente a las calles», escribe la experta del think tank Washington Institute, Holly Dagres.

Oficiales anónimos iranís citados por la prensa internacional han asegurado abiertamente en las últimas semanas que el Gobierno ha dejado de forzar la aplicación de las leyes del velo por temor a «disturbios en un momento de graves condiciones económicas, una crisis de agua y unas sanciones internacionales cada vez más estrictas por el programa nuclear [iraní]».

Cierres y vigilancia

Todo esto, sin embargo, no significa que la presión y represión haya desaparecido. «Las mujeres en Irán aún son vigiladas, multadas, y encarceladas por ejercer sus derechos fundamentales de libertad de expresión y de rechazar leyes que son profundamente discriminatorias. Puede que las autoridades iranís estén, por el momento, evitando represalias violentas contra las mujeres que llevan el hiyab incorrectamente, pero vemos que claramente el Gobierno sigue con su intención de luchar contra los derechos de las mujeres», explica Bahar Ghandeharí, director del Centro para los Derechos Humanos en Irán, una oenegé en el exilio.

Esta organización ha documentado desde junio a octubre de este año el cierre de más de 50 establecimientos, incluyendo tiendas, cafeterías, restaurantes y salones de bodas, por haber permitido que se concentren en ellos mujeres con el hiyab «no apropiado».

«Las mujeres y chicas de Irán continúan rechazando llevar el velo obligatorio en público, a pesar de los riesgos que aún existen, a pesar de que sean menos visibles», asegura Ghanderharí. «Estos actos de desafío diario reflejan que algo mayor está ocurriendo en Irán: una revolución cultural».

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