Lamine Yamal pretende jugar como Leo Messi y vivir como Neymar Jr.
Creo que fue mi amigo Ramon Besa quien, en uno de sus magníficos artículos, deslizó una sentencia, bueno, tampoco, un anuncio, una opinión, una idea, una sensación que, sin duda, tienen muchos seguidores, ya no socios, barcelonistas y es que Lamine Yamal pretende jugar como Leo Messi y vivir como Neymar Jr. Seguir leyendo….
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Creo que fue mi amigo Ramon Besa quien, en uno de sus magníficos artículos, deslizó una sentencia, bueno, tampoco, un anuncio, una opinión, una idea, una sensación que, sin duda, tienen muchos seguidores, ya no socios, barcelonistas y es que Lamine Yamal pretende jugar como Leo Messi y vivir como Neymar Jr.
De verdad, me pareció una manera muy inteligente de contemplar no solo lo que está ocurriendo con el nuevo ‘niño de oro’ de La Masia, del Barça, del barcelonismo y hasta del laportismo (recuerden que el presidente ardía en deseos de haber sido invitado al fiestón de mayoría de edad del muchacho y se quedó con las ganas), además de una forma de retratar, eso, un peligro inminente que sobrevuela el entorno y, sobre todo, preocupa seriamente, no al presidente, desde luego, ni siquiera a Jorge Mendes, por descontado, que ya piensa en la próxima renovación del niño, sino al entrenador, a Hansi Flick.
Miren, que el primer toque de atención en año y medio del técnico alemán en el banquillo azulgrana (no me atrevo a decir en el banquillo del Camp Nou, porque aún no hay ‘estadi’ y esperen) fuese para criticar y denunciar los egos del vestuario dice mucho de la preocupación del ‘mister’. Y que la segunda llamada de atención haya sido para el niño, para el ídolo, para el próximo Balón de Oro, dice muchísimo más.
Debería ser preocupante o, como poco, inquietante, que el primer toque de Hansi Flick sea denunciando los egos de la plantilla azulgrana y el segundo, una seria llamada de atención a Lamine Yamal para que trabaje más.
Dicen que Flick está realmente asustado de lo que está viendo, de lo poco que se hace para que no ocurra todo lo que ocurre y, sobre todo, que mucha gente allí dentro, la poca gente sensata que hay, tema que el muchacho pueda perderse como se perdió Neymar Jr. y lo de ser el ‘nuevo Leo’ pase, rápidamente, a mejor vida.
Yo sospecho que Lamine Yamal no está lesionado. O no lo está lo suficiente como para no ir con la selección. Pero el Barça y, si me apuran, hasta Flick, que mantiene este pique absurdo con el seleccionador Luis de la Fuente (perdón, perdón, qué sentido tiene esa propuesta del alemán cuando Barça y España comparten el mismo fisio de Lamine), prefiere quedarse con el jugador, que descanse, que se recupere y que se olvide del sueño de España, pese a que el Mundial está a la vuelta de la esquina.
Flick y el Barça han ganado todos los partidos sin Lamine y piensan, todos, que pueden jugar en Sevilla y donde sea, mientras no vuelva a ser el PSG, sin su estrella y volver a ganar. Nos lo quedamos, decimos que sigue con dolor en el pubis, la lesión mas sospechosa que existe en un futbolista, y que se apañe España como nos apañamos nosotros, es decir, que intenten ganar sin Lamine Yamal.
Lamine Yamal durante el partido de Liga del FC Barcelona contra la Real Sociedad, en Barcelona, el 28 de septiembre de 2025. / JORDI COTRINA / EPC
Hace demasiado tiempo y demasiado pronto que el mundo culé sospecha que este muchacho se puede perder y no precisamente por la fiesta de cumpleaños, no, no. Ese sequito de más de una docena de amigos de Rocafonda que acompañó al joven a la gala del Balón de Oro de París volvió a situar en alerta roja los semáforos de precaución de la Ciudad Deportiva ‘Joan Gamper’.
Es más que posible, bueno, es real, cierto, que el hecho de que Lamine sea Adidas (como Leo Messi) en botas y en la selección española (España entera está repleta de anuncios y posters de Lamine con la camiseta española, de Adidas) y, siendo del Barça, no le quede más remedio que lucir Nike, tampoco contribuye a despejar dudas.
No se adivina, en el seno de la directiva del FCBarcelona, gente inquieta y preparada para afrontar el difícil reto de bajar el balón al suelo frente a la ola de popularidad, fama y vedetismo que empieza a rodear a Lamine Yamal.
El problema o, peor aún, la dimensión del problema, el que ya existe y el que se avecina, es que futbolísticamente Lamine Yamal es un auténtico prodigio y, por tanto, alguien en el seno del Barça (difícil, dado el personal que habita los despachos) debería tomar cartas en el asunto al detectar que el presidente lamenta no divertirse como el chaval, el entrenador le dice que debe trabajar más y mejor y a su representante ya le parece bien, muy bien, todo este ruido pues se traduce en cientos de miles de euros de comisiones y beneficio.
Me temo que al actual Barça, donde todo, todo, todo, desde las cuentas que se presentarán en la próxima asamblea hasta el mentiroso regreso (tela marinera) al Spotify Camp Nou, está cogido con alfileres, este asunto le viene grande. Nadie, absolutamente nadie en ‘can Barça’, le ha dicho a Lamine Yamal, aunque sea el líder de los modernos del mundo mundial, que si quiere ser Leo Messi (o parecérsele algo, no mucho, algo) debe respetar los 10 mandamientos de la ley de la ‘Pulga’.