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La crónica del Oviedo-Barça: todo queda en un susto

Joan metió la pata, Eric reparó la trastada y Lewandowski disimuló el desperfecto. Todo quedó en un susto y en el inventario final constará que el Barça firmó otra de sus remontadas. No tan antológica como las de la campaña anterior que le condujeron al título, no tan difícil como la del campo del Levante, donde tuvo que levantar dos goles,…

Joan metió la pata, Eric reparó la trastada y Lewandowski disimuló el desperfecto. Todo quedó en un susto y en el inventario final constará que el Barça firmó otra de sus remontadas. No tan antológica como las de la campaña anterior que le condujeron al título, no tan difícil como la del campo del Levante, donde tuvo que levantar dos goles, pero no menos valiosa para evitar que se abriera una brecha con el Madrid. Sirvió, además, sobre todo, para que no constara una deshonrosa derrota ante un recién ascendido, por más que el Barça no hubiera ganado ni el 30% de los partidos (11 de 38) en sus visitas anteriores a Oviedo, una plaza que la estadística catalogaba de difícil.

Joan Garcia había desmentido su escasa habilidad en el juego de pies cuando se permitió un alarde de confianza. Salió de su portería a interceptar un balón con el muslo y, desde la línea de banda, a más de 40 metros de la portería, quiso dar un pase con la izquierda a Casadó. El Oviedo, claro, a través de Reina, no rechazó ni mucho menos el regalo para adelantarse en el marcador. A Joan le salvaron dos de sus guardianes para recuperar el empate en la otra área -entre Araujo y Eric- y Lewandowski, a los cuatro minutos de entrar, devolvió el marcador a lo probable. El triunfo quedó remachado por Araujo que disipó unos instantes de rabia del Oviedo.

Cazorla, el espejo de Gavi

Salieron los compañeros proclamando sus ánimos hacia Gavi con una camiseta al entrar al campo, y lo que más podía animar al interior, que se agitó en casa con la pata tiesa, era que se marcharan con el triunfo que empiece a aliviar el largo encarcelamiento que sufrirá en la enfermería. Condenado a consumir fútbol por la tele, anoche vio a un tipo ejemplar. Y no porque sea capaz de lanzar un córner con la derecha y, el siguiente, con la izquierda.

Santi Cazorla cumplirá 41 años en diciembre y se convertirá en el futbolista más viejo en haber jugado en Primera. Es un referente al que mirar. En particular Gavi. No tanto por su longevidad. Ni por su generosidad. El capitán del Oviedo, que cobra el mínimo estipulado en Primera (195.000 euros anuales), es un ejemplo de tenacidad y perseverancia frente al maltrato vivido con las lesiones. Se pasó tres meses de baja cuando se rompió el peroné a los 25 años, estuvo seis más por una rotura de ligamentos de la rodilla a los 31 y luego permaneció casi dos años (de los 32 a los 34) parado, con una infección en el tendón de Aquiles tan pavorosa que los médicos le aconsejaron la retirada.

Marcus Rashford intenta superar el acoso de tres jugadores del Oviedo.

Marcus Rashford intenta superar el acoso de tres jugadores del Oviedo. / Jose Breton / AP

Y ahí sigue, titular por primera vez ante el Barça, a modo de homenaje, dirigiendo la operativa del Oviedo en ataque, intermitente salvo el aluvión inicial con el que pretendió cobrar una ventaja para defenderla. Cazorla pisó poco o nada el área propia. Sobraba. Estaba repleta de azules protegiendo el diamante que les regaló Joan Garcia. El meta azulgrana quedó fatal frente a Aaron Escandell. El portero del campeón cometió un error impropio y el del recién ascendido se multiplicaba en paradas. Dos a tiros de Rashford y una a Araujo antes de que Alberto Reina se transformara en un highlight de YouTube.

Aaron Escandell, el portero del Oviedo, celebra el gol de Reina al batir a Joan Garcia.

Aaron Escandell, el portero del Oviedo, celebra el gol de Reina al batir a Joan Garcia. / AFP7 vía Europa Press

Los suplentes deciden

Con todo su ímpetu, Gavi no habría llegado a interceptar el osado intento del rival si hubiera jugado en lugar de Casadó, el mediocentro elegido por Flick para dar un descanso a De Jong. También se lo dio a Lewandowski, confiado en la potencia rematadora del ya puntual Rashford después de su retraso y la suplencia frente al Getafe.

Casadó fue el sacrificado por Flick, y no por su responsabilidad en el gol ovetense. Al Barça le faltaba ingenio y atrevimiento, y lo iba a necesitar en dosis industriales en la segunda mitad. El fabuloso banquillo que ahora maneja Flick transformó la derrota en la victoria en un santiamén, más pronto de lo esperado. En 25 minutos. De Jong le metió el balón en la cabeza a Lewandowski, que solucionó la papeleta a los cuatro minutos de aparecer.

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