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La contracrónica del Barça – Real Sociedad: vuelta a Montjuïc, de travesía a hogar
Como si de aquí nadie se hubiera marchado. Como si no hubieran tenido que volver a plantar el césped, montar los banquillos y panelar las vallas publicitarias. El tiempo parece haberse detenido en el Estadi Olímpic Lluís Companys. Como si el Barça que se despidió de él al final de la temporada pasada, en verdad, tan solo hubiera entonado un hasta…

Como si de aquí nadie se hubiera marchado. Como si no hubieran tenido que volver a plantar el césped, montar los banquillos y panelar las vallas publicitarias. El tiempo parece haberse detenido en el Estadi Olímpic Lluís Companys. Como si el Barça que se despidió de él al final de la temporada pasada, en verdad, tan solo hubiera entonado un hasta pronto. Lo que hace unos años parecía una travesía hasta escalar la montaña mágica, este 28 de septiembre los culés sintieron que volvían a casa. Como si nunca hubieran cerrado las puertas convencidos de que no haría falta volver nunca más.
La marea azulgrana volvía a conquistar la montaña a medida que los aficionados iban acercándose al estadio. El sentimiento general era tremendamente neutro. Muchos de ellos ya creían que tocaría volver esta temporada al Estadi Olímpic y otros, con cierta resignación, iban haciendo cola delante de la Oficina del Barcelonista, situada justo en las escalinatas de acceso al estadio. El nuevo sistema para la emisión de las entradas había complicado la vida a más de uno, mientras que otros culés no habían recibido sus entradas apenas una hora antes del partido.
Más de 50.000 personas
Mientras se iban resolviendo las problemáticas varias, las hileras azulgranas iban descendiendo por las gradas del estadio. «Está todo igual», se oía en las colas para comprar una bebida antes del partido. Poco a poco se volvían a llenar los asientos de aficionados que miraban el césped con ansia. Pese a que el estreno en casa esta temporada del equipo de Hansi Flick fue hace unas semanas, esas poco más de 5.000 personas que se desplazaron al Johan Cruyff quedaron en nada. Contra la Real Sociedad, 50.103 personas disfrutaron con el debut real ante su gente del actual campeón de Liga.
En un césped que aún no ha terminado de arraigar, Pedri ya bailaba sobre él con el balón en los pies. Rugió el estadio y se lo pasó en grande. Tan solo el tanto desconcertante de Álvaro Odriozola le arrebató energía, que recuperó cuando su ’10’ pisó el verde. Con Lamine Yamal, todo brilló más. Porque él pareció que tampoco se hubiera ido, que su ausencia en los últimos partidos hubiera sido una realidad incómoda y hasta cierto punto paralela. Porque salió y levantó a todo el mundo de su asiento. Arrancó exclamaciones de estupor con sus virguerías y disfrutó en su jardín. El que le ha visto consolidarse como el mejor jugador joven del mundo.
Entre andamios y disputas
Montjuïc se reencontró con el Barça. Ese que parece que le quiere, pero está deseoso de marcharse. No porque le traiga malos recuerdos, totalmente al contrario, sino porque irse de manera definitiva significará algo más. El Camp Nou aguarda aún entre andamios y disputas entre club y ayuntamiento.
Mientras tanto, la montaña mágica sigue resguardando a los culé. Ese lugar al que parecía imposible llegar cuando se anunció el traslado, ahora se ha convertido en un lugar cómodo, repleto de buenos recuerdos. Los fuegos artificiales que cerraron las fiestas de La Mercè con un piromusical a manos de Estopa le dieron la bienvenida al conjunto de Flick. Que volvió a casa.
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