Deportes
Kika Nazareth, jugadora del Barça: «Tras la lesión, dejé de sentir. Me lo quitó todo»
Cuando te quedas sin aire, todo cuesta más. La sensación de querer respirar y no poder te nubla, te hace sentirte rodada de oscuridad. Kika Nazareth (Lisboa, 2002) ha cruzado durante estos últimos meses ese lugar de dudas y miedos. Se rompió el ligamento lateral interno del tobillo izquierdo en marzo y todo cambió. Recuperada y con ganas de volver a…
Cuando te quedas sin aire, todo cuesta más. La sensación de querer respirar y no poder te nubla, te hace sentirte rodada de oscuridad. Kika Nazareth (Lisboa, 2002) ha cruzado durante estos últimos meses ese lugar de dudas y miedos. Se rompió el ligamento lateral interno del tobillo izquierdo en marzo y todo cambió. Recuperada y con ganas de volver a ser importante, la portuguesa encara esta nueva etapa con más calma y pausa. Desde un lugar más sosegado, sin perder la emoción que la caracteriza.
¿Cómo se siente?
Que he vuelto. El año pasado fue difícil. Estos últimos meses he estado bien, centrada en lo que podía controlar, en recuperar bien el tobillo. Con muchas ganas de empezar, porque quiero que esta sea mi temporada. El año pasado lo hice bien, me adapté bien, pero ha sido muy duro.
¿Cómo ve ahora su primer año en el Barça?
Hay días buenos, otros malos, cosas buenas y malas. Durante todo el proceso de adaptación y de la lesión no veía lo positivo. Esos 4 o 5 meses no veía lo bueno, pero ahora que estoy fuera, veo las cosas con otros ojos. Creo que esto me tenía que pasar. Llegué con ganas de estar en todos lados, de adaptarme rápido, de demostrar que era jugadora del Barça, a los demás y a mí misma. Quería todo y el cuerpo me dijo: ‘Francisca, tranquila, tienes tiempo, ve con calma’. He crecido un montón como jugadora pero más como persona. Cambiar de país, de compañeras, de amigas, de familia, de club y de vida me ayudó a mejorar.
La veo distinta a cuando hablamos el año pasado. Más calmada. Entonces era emoción pura, alegría, fiesta. ¿Todo esto le ha hecho aterrizar un poco, vivirlo con más calma?
Yo sigo siendo esa persona llena de emociones, sonrisas, bailes y canciones. Hay cosas que no cambian y tampoco quiero que cambien. Pero sí, aterrizar y frenar un poco. Las cosas llegan cuando tienen que llegar, no hay prisa. Y cuando llego, sea donde sea, tengo prisa. De llegar, de probar, de ganar… Pero tengo 22 años y no hay que forzar nada. Ahora estoy más tranquila, con equilibrio. Hay momentos y hay que saber gestionarlos.
Cuando fichó por el Barça, lo definió como un sueño. ¿Ahora lo vive más como realidad?
Todavía pienso que esto es un sueño, pero ya estoy más acostumbrada al entorno del Barça y a lo que significa jugar en el mejor equipo del mundo. Antes era solo un sueño. Era como esa niña pequeña que vivía disfrutando, pero ahora ya está. Estoy aquí y sigo disfrutando, pero de otra manera. No es solo un sueño, pero es diferente porque es mi realidad.

Kika Nazareth, futbolista del Barça, en la entrevista con EL PERIÓDICO en el Johan Cruyff / Jordi Cotrina
¿Cómo recuerda el momento de la lesión?
Fue muy duro. Lo recuerdo perfectamente, justo aquí en el córner, que me acerqué a firmar una camiseta e iba con las chanclas. Todavía no sabía lo que iba a pasar. Que era una lesión más grave. Hay cosas peores en la vida, pero no creo que debamos valorar nuestros sentimientos porque haya cosas peores. Fue un momento muy duro. No solo por el fútbol, sino por cosas que me habían pasado fuera. Fue todo a la vez. Eso fue lo peor. Me pasaron cosas fuera del campo y yo para estar bien, para intentar distraerme, tenía el fútbol. Siempre lo he tenido. Pensé: ‘vale, voy a centrarme en esto porque es lo mejor de mi vida, donde soy más feliz, donde sonrío…’ Al final he cambiado mi vida por el fútbol. Y en el momento en que las cosas empezaron a salir, a fluir, y empecé a jugar más, me pasa esto. ‘¿Qué hago ahora? No tengo nada más’. El fútbol era lo que me estaba ayudando a desconectar de cosas de mi vida. Cuando me enteré que iba a tener que operarme, que tenía que parar cuatro meses, que no llegaría a la Euro, que no iba a jugar la final de la Champions en mi casa… Es que te lo quitan todo. Yo dejé de sentir. Por algún motivo pasó eso y ahora aquí estamos, y ahora estoy mejor.
La recuperación conlleva momentos muy solitarios.
Para mí, lo más importante de la vida son las personas. Las conexiones. Y lo que más me ayudó fue mi madre, todas mis compañeras… Fueron las mejores amigas del mundo. Juegan en el mejor equipo del mundo, que es el Barça, pero son personas. Y ellas me ayudaron un montón. Fueron cuatro meses en que veía los partidos desde fuera, de lejos. Vale que estamos cerca, pero no te sientes parte del equipo. Aunque te digan que sí, tú te ves fuera. Apenas las veía, iba al fisio o a los servicios médicos y no estaba con ellas. Claro que venía a los partidos, pero me sentía como si fuera un parte exterior. Ellas, no sé cómo, consiguieron cambiar mi mentalidad. ‘Kika, eres una de nosotras y esto es para ti’, me decían. Lo que hizo Alexia, en el discurso antes de la final de la Champions, es como: ‘¿qué está pasando?’ Yo pensaba que estaba lejos de ellas, pero ellas se acuerdan de mí. Y vienen a mi casa, y vamos a cenar, quedábamos. Y me ayudó un montón. Tenía días que no me apetecía ni verlas ni escucharlas. No es por una envidia mala, pero yo quería ser como ellas. Estar como ellas. Y no podía. A veces, era cuanto más lejos, mejor, porque no me quería acordar que estaba fuera de mi mundo. Pero al final, fueron mis mejores amigas y la ayuda más grande que tuve en ese momento. Además de mi familia y mis amigos.

Kika Nazareth, futbolista del Barça, en la entrevista con EL PERIÓDICO en el Johan Cruyff / Jordi Cotrina
En un club como el Barça se presupone una competencia dura, pero han conseguido cambiar el chip una vez salen del césped.
Somos jugadoras, pero al final antes de todo somos personas. En un trabajo, sea el que sea, está claro que no hay que ser mejores amigos o ni amigos siguiera, pero tiene que haber buen rollo. Porque si fuera las cosas van bien, dentro irá mejor. Estoy segura de esto, porque a mí me pasa. Si tengo buen rollo con alguien, eso se nota. El año pasado, lo vivimos todo dentro y fuera del campo. El equipo que somos en el campo, lo somos por un motivo.
¿El momento más duro fue la final de la Champions en Lisboa?
El día antes del partido. No sé por qué. Yo ya sabía que no iba a jugar la final, pero una cosa es saberlo y otra vivirlo. Llegar a Portugal… Y te sientes sola. Estaba sola, porque gracias a Dios era la única lesionada. En el día antes del partido estaban todas entrenando, todo el staff allí junto al equipo médico. Y yo sola. En mi casa. Leyendo Lisboa en los luminosos del estadio. Me sentí sola de verdad. Te quitan todo. Lloré y me dejé sentir y fue muy duro. Incluso más que el día del partido.
Y encima, el equipo pierde de manera muy dolorosa.
No lo digo de manera egoísta, de verdad. Pero me costó más no poder ayudarlas, estar con ellas, que el hecho de perder. Y también me dolió muchísimo y lloré por la derrota. Fueron días muy duros. Suena a cliché, pero lo bueno del fútbol es que siempre hay un partido más. Habrá otra final, aunque no se si en Lisboa. Ojalá.
Parecía que el guion era perfecto y de golpe se lesiona y el Barça acaba perdiendo.
Soy muy positiva y creo que las cosas, si tienen un contexto y un entorno bueno, irán bien. Aquí hay todo esto: las mejores jugadoras, los mejores entrenadores…. Estaba todo para qué pasara. Pero hay que vivirlo y sentirlo, es el fútbol. Lo bueno es esto, que es imprevisible. No sabes qué pase vas a hacer, qué control harás, qué pasará.

Kika Nazareth, futbolista del Barça, en la entrevista con EL PERIÓDICO en el Johan Cruyff / Jordi Cotrina
Tras el golpe de Lisboa, cierra la temporada en la Eurocopa volviendo a jugar.
No sé si en el fondo sabía que iba a llegar a la Euro y quería pensar que no, por si acaso. O sí, cuando llegué, no sabía qué me estaba pasando. En el club me dijeron desde el principio que no iba a llegar. Pero el tobillo respondió bien y creo que también hice las cosas bien con la ayuda de todos. Llegué y con la selección también es un sitio en el que me siento como en casa. Con mi familia. Es jugar por tu país. Cuando llegué, me dejé ir. No me puse presión, ni más responsabilidad de la que tocaba. Obviamente, la que se pone cada una por jugar para Portugal, pero habia llegado y era hacer lo que tocaba y disfrutar. Fui la primera que dijo que yo solo iba a jugar si estaba bien, al 100%. Lo estaba y jugué. Salí de la Euro feliz, porque estuve allí. Claro que podría haber hecho cosas mejores, como todos, pero salí con una sonrisa porque, al final, menos mal que mi temporada terminó así.
¿Se volvió a sentir futbolista allí? ¿Tuvo esa duda durante la lesión?
Estaba totalmente apática. Por todo lo que me estaba pasando, las cosas me salían, pero yo no pensaba. Todo era automático. No era consciente de todo lo que estaba pasando.
¿Y cuándo hace el clic y conecta con el presente?
Justo en el momento del himno del partido contra Italia [donde juega de titular]. Contra España, yo no jugué y estaba en el banquillo. Pero contra Italia, miré al estadio, estaba mi familia, mis amigos… Y ahí fue cuando me dije: ‘Empezamos otra vez. Estamos de vuelta’.
Y este es el año de Kika.
Al llegar al Barça me puse mucha presión: por el fichaje, por el dinero, por lo que leía en redes. Pero hay que desconectar de eso. Tengo que ser consciente de que soy una jugadora del Barça y no tengo que demostrar nada. Sé lo que soy y cómo juego. Hay días buenos y malos, y hay que adaptarse a ellos. Pero con humildad, hay que ser conscientes de lo que somos. Tengo el entorno para que las cosas me vayan bien este año. Estoy bien, feliz, puedo mejorar y seguir aprendiendo cada día, pero este tiene que ser mi año. No por lo que dicen, sino por mí, porque sé que puede serlo. Igual que el año de Alexia, de Pina, de Patri. El año de todas, pero el mío también.
Somos una plantilla muy corta, pero seguimos siendo las mejores. Y tenemos las jugadoras de filial, que es la diferencia más grande que he visto siempre con el resto
Habla del apoyo de sus compañeras. La afición también ha estado muy a su lado en todo este proceso, ya que se ha convertido en una de las jugadoras más queridas.
Cuando jugaba en el Benfica y venía gente de fuera e intentaba aprender y adaptarse y ser parte del grupo, eso a mí me hacía mucha ilusión. Es mi país y me gusta que la gente intente integrarse. No solo es el fútbol, para mí no lo es. Yo estoy en Barcelona por el fútbol, pero hay una vida alrededor del fútbol. Hay una ciudad, un país, la gente… Eso es muy importante. El Barça tiene esta característica de ser més que un club, que no es solo el escudo o los colores, es todo. Es importante. A mí me gusta aprender.
Y en tan solo un año aprendió catalán.
Todavía me cuesta, pero si. ‘Ja puc’ [ríe].
A nivel deportivo, este año es complicado: plantilla corta, salidas, renovaciones pendientes. ¿Cómo lo vive?
Soy muy positiva. Ya lo sabes, todo el mundo lo ve. Hay que centrarse en lo que podemos controlar. Vale, somos una plantilla muy corta, pero seguimos siendo las mejores. Y tenemos las jugadoras de filial, que es la diferencia más grande que he visto siempre con el resto. Estas en otro nivel, espabiladas. No ha habido casi fichajes, pero confiamos. Y el club confía en nosotras y en las del B. Y eso es importante. Si nos centramos en lo que podemos controlar yo creo que todo irá bien. Y no será nunca una excusa. Si las cosas no van bien, no es porque somos pocas. Somos pocas, pero buenas. Y a veces en la vida es mejor así.
¿Cuál es el objetivo de Kika este año?
Ser una más. Antes me veía un poco por debajo de todas. No sé por qué, porque soy tonta. Quiero ser una más. Los goles, las asistencias, es obvio que es lo que busco, como ganar los títulos. Pero a nivel profundo, es que la gente confíe en mí. Que no haya el sentimiento de duda. Ser una más.
Suscríbete para seguir leyendo
