Connect with us

Deportes

Erika Villaécija: «Cuando te retiras tienes miedo porque no sabes si volverás a hacer nada tan bien»

No solo es complicado decir adiós. Retirarse tras toda una vida dentro del agua no solo cambia un modo de vida, sino la percepción de una misma. Erika Villaécija (Barcelona, 1984), campeona del mundo en piscina corta en 2010, vivió unos años muy complicados tras dejar la natación en 2018. Volver a encontrarse a ella misma y desactivar el ‘modo avión’…

No solo es complicado decir adiós. Retirarse tras toda una vida dentro del agua no solo cambia un modo de vida, sino la percepción de una misma. Erika Villaécija (Barcelona, 1984), campeona del mundo en piscina corta en 2010, vivió unos años muy complicados tras dejar la natación en 2018. Volver a encontrarse a ella misma y desactivar el ‘modo avión’ le ha costado, pero ahora ha conseguido construir una vida donde la piscina ya no es aquello que duele, sino un lugar de disfrute.

¿Cómo está?

Creo que ya estoy bien porque es verdad que he hecho todo el proceso. De levantarte un día e intentar encontrar otra vez tu espacio. También he pasado por los meses de estar en ‘modo avión’, que estás ahí como pasando por la vida pero realmente no sabes qué estás haciendo y echas un poco de menos esa parte competitiva. Ahora mismo creo que tengo un trabajo bonito. Desde hace un año también estoy trabajando en la Federación de Natación y eso me ayuda mucho a volver a estar en el mundo que me gusta, pero aportando desde otro lugar. Así que te puedo decir que ahora estoy bien.

¿Ha conseguido encontrar otra vocación fuera de la natación?

Para dejar de nadar estuve tres o cuatro años decidiendo cómo quería hacerlo. Creí que la mejor manera de dejarlo era teniendo otra cosa que me gustara y que me ocupara el tiempo. Como estudié Psicología, empecé a trabajar en un departamento de recursos humanos en una empresa en septiembre de 2018 y me retiré en diciembre de ese año. Actualmente, soy responsable de recursos humanos en dos empresas que comparten socios, Actic Consulting y Magic Barcelona. Ya llevo tres años y tres meses, y estoy contenta porque es una empresa en la que realmente se preocupan por cuidar a las personas. Mi papel es un poco eso: crecer como empresa a nivel de marca y de personas, pero haciendo que la gente esté contenta y tenga recorrido.

Erika Villaécija pasea por Collserola junto a sus mascotas Koa y Perla.

Erika Villaécija pasea por Collserola junto a sus mascotas Koa y Perla. / JORDI COTRINA / EPC

Ha sido nadadora olímpica y de repente trabaja en una oficina. Cuando entró, ¿cómo lo vivieron?

Muchas veces la gente me dice: ‘¡Jolín, es que tú has sido olímpica!’. Están contentos de tenerte ahí. Te preguntan anécdotas, si lo echas de menos, si estás acostumbrada a hacer muchas cosas… Tienen esa sensación de que tienes mucha tranquilidad ante todo, o que controlas mucho las cosas que pasan, ya sea por volumen de trabajo o lo que sea. Pero también es verdad que piensas: claro, nada es tan importante o tan intenso como lo que has hecho hasta ahora. Has aprendido tantas cosas que creo que esta es una vida más fácil.

«Esa adrenalina de ganar o perder no la encuentras en nada más en la vida. Tienes que adaptarte a que tu vida ahora tiene otras cosas buenas, pero esa parte de tu pasión no volverá nunca más»

Erika Villaécija

— Exnadadora

Cuando estaba dejando el deporte, ¿esas preguntas dolían?

Sí, duelen. Un proceso que hay que hacer es despegarte de la adrenalina de saber que tienes un objetivo, la preparación, los nervios antes de la competición… Esa adrenalina de ganar o perder no la encuentras en nada más en la vida. Los primeros años intentas encontrarla aunque sea haciendo otro deporte o en el día a día. Tienes que adaptarte a que tu vida ahora tiene otras cosas buenas, hay que valorarlas, pero esa parte de tu pasión no volverá nunca más. Además, tienes que saber que el deporte te acompaña de una manera saludable o competitiva, pero a nivel amateur. No puedes compararte con la competición de antes porque entonces no es sano.

¿Es difícil cambiar el chip de competir a simplemente disfrutar?

Mucho. De hecho, estuve casi tres años sin nadar. Hacía otros deportes —crossfit, halterofilia, gimnasio—, pero no nadaba. Hacía cosas que también son competitivas y retos personales, pero nadar no podía. Me invitaban a travesías y me daba cosa porque ya no ganaba, y me comparaba con lo que había sido. Tenía una relación tóxica con la natación: no la aceptaba en el momento en que debía aceptarla. A partir de volver a la federación y tener contacto desde otra perspectiva, aportando lo que llevo dentro, fue cuando dije: ‘Ahora sí que puedo tomármelo de otra manera’.

¿Cree que volver al mismo lugar desde otro punto ayuda a sanar?

Si es lo que te gusta, sí. Pero cuando sales de nadar, después de haberlo hecho toda la vida, no sabes realmente qué te gusta. Yo estoy muy contenta con mi trabajo, pero sé que mi lugar está dentro de la natación, aunque no a pie de piscina. He hecho de entrenadora y no me ha gustado. Pero me gusta la parte más de atención al deportista, de acompañamiento, y creo que es donde puedo aportar más.

¿Las deportistas que se retiran, sobre todo las mujeres, se sienten solas?

Sí, eso pasa mucho. El día después no tienes entrenamientos ni competiciones, nadie te llama, y te conviertes en una persona «normal», sin experiencia profesional. A mí, además, se me juntó con un tema personal, porque terminé con mi pareja, y mi proyecto vital también se vino abajo. Fueron años complicados. Me mudé sola, vivía con mi perra y a menudo iba a casa de mis padres por esa sensación de vacío y soledad. Tienes miedo porque no sabes si harás nada más tan bien como antes. Te haces mayor, te planteas si quieres una familia, tienes responsabilidades, y económicamente también cambia todo. Pasamos de vivir bien como deportistas a empezar desde cero.

«Hice el clic en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio. Me llamaron para retransmitirlos en Televisión Española, pero viendo la inauguración lloré veinte minutos seguidos. Entendí que eso no volvería más, que no podía seguir de esa manera. Ahí empecé a construir»

Es vivir dos vidas en una. ¿Ha cambiado mucho la concepción de sí misma?

Pasas un tiempo sin sentirte válida porque siempre te habías validado como «Erika la nadadora». Tienes que aprender a validarte desde otra perspectiva. Tienes que hacer un trabajo hacia dentro, te conoces muy bien, pero tienes que encontrar un sentido que te valide. Te das cuenta de que te levantas, vas a trabajar, sacas a la perra, te vas a dormir… y así cada día. Y un día ves que llevas seis meses en modo avión. Está pasando la vida y no me entero.

¿Y cuándo hace el clic?

Lo hice viendo la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio. Me llamaron para retransmitirlos en Televisión Española, pero viendo la inauguración lloré veinte minutos seguidos. Entendí que eso no volvería más, que no podía seguir de esa manera. Ahí empiezo a construir. Empecé comprando un piso en Horta, luego cambiando de trabajo, y finalmente buscando cómo volver a la natación desde otra perspectiva, más desde la psicología y el acompañamiento.

Erika Villaécija, en un descanso del paseo con sus mascotas Koa y Perla por Collserola.

Erika Villaécija, en un descanso del paseo con sus mascotas Koa y Perla por Collserola. / JORDI COTRINA / EPC

¿Cree que ahora está en su mejor momento?

Sí, creo que sí. Aunque siempre hay momentos de nostalgia, como hoy, que hace siete años que anuncié mi retirada. O cuando veo galas o competiciones, todavía me sale esa espinita de decir «ojalá hubiera durado más».

¿Ahora ya puede nadar por ocio?

Sí, ahora ya nado por placer. Incluso me planteo competir con los másters para pasarlo bien, hacer relevos, disfrutar de otra manera.

¿Cómo ha vivido el tema de la maternidad, que a menudo pesa mucho en la vida de una mujer deportista?

No lo he llevado muy bien. Tengo amigas de toda la vida que ya son madres y llevan un ritmo muy diferente al mío. Es algo que la gente me pregunta. A mí me gustaría ser madre, y en pareja, pero tengo 41 años y tengo que empezar a planteármelo seriamente. Es algo que la gente juzga mucho, estas decisiones. Yo no juzgo a quien lo tiene clarísimo, sea sí o no. He hecho muchas cosas que han tenido sentido para mí. Yo tenía la vida planteada de una manera, pero se ha dado de otra. Al final, primero tienes que estar bien tú antes de traer a alguien al mundo.

«Una vez te retiras, desapareces del mapa. Da igual si has ganado muchas o pocas medallas. Ahora se habla más de salud mental y de la retirada, pero falta hacer mucho más. A través de los clubs y las federaciones debería existir la figura del acompañamiento»

Cuando una mujer deportista se retira, enseguida le preguntan si es para ser madre.

Totalmente. Y a nivel laboral estamos creciendo mucho, pero todavía nos encontramos en situaciones donde la maternidad rompe mucho tu carrera profesional. Es una situación que a los hombres no se les pregunta. Hay mujeres que dicen: esa mujer se ha quedado embarazada con 45 años, cuando el niño tenga 20 ella será la abuela. Pero es que quizá no ha podido hacerlo antes. Si quieres serlo y todo está bien y puedes serlo, no hay problema.

¿Faltan oportunidades y visibilidad para los deportistas después de retirarse?

Sin duda. Una vez te retiras, desapareces del mapa. Da igual si has ganado muchas o pocas medallas. Ahora se habla más de salud mental y de la retirada, pero falta hacer mucho más. A través de los clubs y las federaciones debería existir esa figura de acompañamiento y además establecer muchos más convenios para dar oportunidades a los exdeportistas que se han preparado. Se han creado becas de transición, que están muy bien planteadas, pero los deportes de equipo todavía se quedan descolgados. Al menos durante los primeros meses después de retirarte, debería haber un acompañamiento real.

Suscríbete para seguir leyendo

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *