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El Villarreal también desnuda el caos del Girona
Al Girona le caen los goles de todas las maneras posibles. Para empezar, los regala. Una torpeza de Yangel Herrera, tal si clonara la imprudencia que cometió Gazzaniga ante el Rayo, abrió el camino de la goleada del Villarreal, que se tomó la tarde libre porque le allanaron el camino a una sencilla goleada. Seguir leyendo….
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Al Girona le caen los goles de todas las maneras posibles. Para empezar, los regala. Una torpeza de Yangel Herrera, tal si clonara la imprudencia que cometió Gazzaniga ante el Rayo, abrió el camino de la goleada del Villarreal, que se tomó la tarde libre porque le allanaron el camino a una sencilla goleada.
No necesitó casi ni correr el conjunto de Marcelino para firmar un triunfo que supone, en realidad, un escarnio para el equipo de Míchel, tras completar un partido horriblemente indefendible que pone bajo sospecha todo al proyecto, comenzando por el propio entrenador. A la media hora, perdía ya por un aplastante 4-0 y la pausa de hidratación dejó la imagen de un entrenador sin discurso alguno.
Apenas habló el técnico de Vallecas en esa pausa, mientras calentaban hasta tres jugadores (David López, Lemar y Álex Moreno, dos de los últimos fichajes) porque su equipo, con una actuación indigna, poco competitiva, abre una comprometida espiral, a la que no se atisba una solución inmediata. Va de mal en peor el Girona. Del 1-3 del Rayo en Montilivi al 5-0 del Villarreal en el Estadio de La Cerámica.

Solís y Vitor Reis, los jugadores del Girona, abatidos tras recibir uno de los cuatro goles del Villarreal en la primera mitad. / Efe / Andreu Esteban
Primero, el regalo de Yangel. Luego, la tibieza defensiva de Krejci, burlado con un mágico caño por Buchanan, antes de soltar un imponente derechazo que presagiaba la tragedia. Y llegó, claro. Una acción a balón parado, mal defendida por un inconsistente Girona, permitió a Rafa Marín cabecear el 3-0. Si no lo hacía él, lo hacía un compañero suyo. Era Comesaña. Ambos estaban solos en el área pequeña, territorio que también exploró Buchanan, con toda la calma del mundo, para sellar el 4-0.
Revolución en vano
El Girona era un esqueleto. Un equipo sin alma. Ni orden. Ni método. Un grupo desorientado, a pesar de que Míchel había intervenido en la pizarra con hasta cinco cambios con respecto al once que perdió en Montilivi contra el Rayo. Ni Gazzaniga, ni Arnau, ni David López, ni Asprilla, ni Mivoski, a quien el técnico dejó en Girona.

Pepé celebra su gol, el 1-0 del Villarreal al Girona, junto a Etta Yong ante la desolación de Tsygankov. / Afp
Una revolución para terminar en el mismo sitio de la primera jornada. En la nada. Abatido y aturdido el equipo, al igual que el entrenador, quien tras el 4-0, modificó la estructura táctica para jugar algo más arropado -cinco defensas-, intentando que tan gravísima herida no fuera mortal.
Y, además, Yangel Herrera, por quien la Real Sociedad está interesado, tuvo que pedir el cambio antes de acabar la primera mitad al notar unos problemas físicos. Se fue al banquillo y Míchel, que apostó por David López en el eje de la defensa adelantando a Blind como medio centro, ni miró al venezolano.
Ni un remate a puerta
Krejci, el otro futbolista que está en el centro del mercado porque se acerca su marcha a la Premier, quedó retratado en el 2-0, con jugadores renegando entre ellos mismos. Se marchó el Girona al descanso atormentado por esos cuatro goles, incapaz como fue, además, de realizar un solo disparo a la portería del Villarreal. Firmó tres tiros el inerte equipo de Míchel y ninguno entre los tres palos de Luiz Junior, que ni se ensució los guantes.

Míchel, el técnico del Girona, en el banquillo del Estadio de La Cerámica de Vila-real. / Efe / Andreu Esteban
Quiso Míchel reanimar a su agotado equipo e interveno en el descanso con un doble cambio: Lemar, un centrocampista, por Dawda Camara, un nueve de la cantera de Montilivi, y Álex Moreno, un lateral zurdo recién llegado, por Portu, un delantero con oficio. Pero el partido ya no existía. Se había acabado a la media hora, por lo que no tenía sentido alguno esa segunda mitad.
Krapyvtsov también regala goles
Y el Villarreal, con el trabajo más que liquidado, aprovechó esos minutos para ir haciendo pasar por el césped de La Cerámica a jugadores recién llegados como Renato Veiga, Thomas Partey y Moleiro. Era, en realidad, una exhibición del lujoso grupo de futbolistas que maneja Marcelino en Vila-real.
Y casi sin querer continuaban cayendo los goles porque Vladyslav Krapyvtsov, el joven meta ucraniano (20 años), se unió al catálogo de groseros errores del Girona. Un zapatazo de Buchanan -tarde histórica para el canadiense con tres goles en 48 minutos- agujeró los guantes del suplente de Gazzaniga. Se comió el gol. Tal cual. No hay más. El gesto de Míchel, tras ese quinto gol, resumía el caos.
En ataque ni rastro del Girona, cuyos dos únicos disparos a puerta correspondieron a Asprilla, el fichaje más caro de su historia, quien salió al campo, ya con el 5-0. Llegó el primero en el minuto 81 y el segundo en el 83. Ambos atrapados con tranquilidad por Luiz Junior.
Y en las dos primeras jornadas, un demoledor 8-1 sitúa al Girona en una encrucijada peligrosa cuando ni tan siquiera ha terminado agosto, el primer mes de una envenenada Liga. El drama no son las dos derrotas consecutivas sino el triste, plomizo e irrelevante juego del equipo de Míchel.
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