El Mundo
El papa León XIV pide regresar al multilateralismo y recuerda que él también desciende de «inmigrantes»
León XIV ha mostrado este viernes su preocupación por la crisis del multilateralismo en su tradicional discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Frente a los embajadores de los más de 180 países con los que el Vaticano mantiene relaciones, en una alocución muy moderada –a ratos, incluso consevador–, el nuevo Papa ha pedido, eso sí, «revitalizar la diplomacia…

León XIV ha mostrado este viernes su preocupación por la crisis del multilateralismo en su tradicional discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Frente a los embajadores de los más de 180 países con los que el Vaticano mantiene relaciones, en una alocución muy moderada –a ratos, incluso consevador–, el nuevo Papa ha pedido, eso sí, «revitalizar la diplomacia multilateral y esas instituciones internacionales que han sido queridas y pensadas en primer lugar para poner remedio a los conflictos».
Con esta idea como uno de los ejes centrales de su discurso, León XIV ha calificado el momento actual como «un cambio de época«. Por ello también, ha añadido, la Iglesia católica, una institución que tiene una vastísima red diplomática y fieles en casi todos los países del mundo, no dejará de hacer «oír su propia voz» ante los «numerosos desequilibrios y las injusticias que conducen, entre otras cosas, a condiciones indignas de trabajo y sociedades cada vez más fragmentadas y conflictivas».
«Es necesario remediar las desigualdades globales, que trazan surcos profundos de opulencia» entre los «continentes, los países e incluso, dentro de las mismas sociedades». Esa es, ha opinado, una «tarea de quien tiene responsabilidad de Gobierno«, ha dicho en su alocución, habitualmente usada por los papas para presentar las posturas del Vaticano en materia geopolítica.
«Nadie puede eximirse de favorecer contextos en los que se tutele la dignidad de cada persona […] desde el niño por nacer hasta el anciano, desde el enfermo a los desocupados, sean estos ciudadanos o inmigrantes«, ha añadido, hablando desde el aula de la sala Clementina del Palacio Apostólico y poniendo asimismo énfasis en que él mismo es un «descendiente de inmigrantes» y también un «emigrado«.
Migrantes
«Cada uno de nosotros en el transcurso de la vida puede enfermar o estar sano, puede encontrarse ocupado o estar desocupado, en su patria o en tierra extranjera», ha añadido León XIV, estadounidense pero también nacionalizado peruano, en un claro alegato de defensa de los migrantes, sin mencionar a ningún país en concreto pero hablando en un momento en el que tanto en diversos Estados europeos como en EEUU se aplican políticas antiinmigración muy controvertidas.
Con ello, el antaño cardenal Robert Prevost también ha defendido la familia «fundada en la unión estable entre el hombre y la mujer», «bien pequeña, es cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquiera otra», así como el respeto de la libertad religiosa «en cada país». «Porque la experiencia religiosa es una dimensión fundamental de la persona humana, sin la cual es difícil —si no imposible— realizar esa purificación del corazón necesaria para construir relaciones de paz», ha explicado, en un discurso en el que puso énfasis en que su visión es la de un tablero geopolítico en el que los países respeten tres palabras: paz, justicia y verdad.
Paz
En particular la paz, según León XIV, «se construye en el corazón y a partir del corazón, arrancando el orgullo y las reivindicaciones, y midiendo el lenguaje, porque también se puede herir y matar con las palabras, no solo con las armas». De igual manera, la Iglesia, ha afirmado, «nunca puede eximirse de decir la verdad sobre el hombre y sobre el mundo, recurriendo a lo que sea necesario, incluso a un lenguaje franco, que inicialmente puede suscitar alguna incomprensión».
En esta línea, el Papa también ha mencionado algunos de los retos más acuciantes para la humanidad, especialmente las guerras en Ucrania y Oriente Próximo, así como el desafío de la inteligencia artificial; una cuestión, esta, sobre la que ya se ha pronunciado diversas veces desde que es el 267º jefe de la Iglesia católica.
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