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El inventor del penalti, por Enrique Ballester
No soy el mayor fan de los penaltis. Tampoco soy el mayor fan de los carajillos, la ciencia ficción y los viajes. Perdonadme.Seguir leyendo….
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No soy el mayor fan de los penaltis. Tampoco soy el mayor fan de los carajillos, la ciencia ficción y los viajes. Perdonadme.
Lo que peor llevo del mundo de los penaltis son las tandas: las odio, las gane o las pierda, porque ni me gusta el melodrama ni reducir el fútbol a un absurdo concurso de habilidades.
Si por mí fuera, no habría tandas: las prórrogas se alargarían más allá de la media hora hasta que uno de los equipos anotara el gol ganador o se rindiera por desgaste. Además, por culpa de las tandas, en las prórrogas cada vez pasan menos cosas, porque el miedo a perder minimiza con claridad el deseo de victoria. Caer en la tanda se ha convertido en una derrota digna y por eso, consciente o inconscientemente, los jugadores prefieren ese honorífico mal menor antes que arriesgarse.

El gol de penalti de Mbappé contra el Leganés. / AP
No me gustan las tandas, vaya, por mucho que revienten el audímetro en las televisiones. Algunos de los peores momentos de mi vida (digamos futbolística) están ligados a las tandas de penaltis. Aquella Eurocopa de 1996, pocos días después de cumplir 13 años, cuando el fútbol se vive con una intensidad que no vuelve. Aquel ascenso perdido en Gavà, en 2016, con una crueldad suprema. A cambio, he de admitir algo: las tandas me enseñaron que el fútbol no aspira a ser justo, y esa es precisamente su gracia. No siempre gana quien lo merece.
Rigor y sabiduría
Más de una vez maldije al inventor del penalti sin saber quién era. Odiaba sin concretar, un déficit de mi fanatismo que ahora puedo corregir con rigor y sabiduría. Durante estos días he leído un librito curioso. La editorial Libros del KO ha publicado El penalti. Historia de una revolución. El autor, Robert McCrum, es bisnieto de William McCrum, portero irlandés e inventor del penalti. Hijo de un millonario, William McCrum inventó el penalti y fracasó como hijo, marido y padre. También como heredero y empresario. Adicto al juego y a la bebida, murió solo y en la miseria. Podría decirse que Dios es de los míos y tampoco le gustan mucho los penaltis.
Con todo, la desdichada historia de William McCrum me dio pena. Él no quería: inventó el penalti con buena intención. Y no era algo personal: no creo que en 1891 y en Irlanda McCrum estuviera pensando en inventar algo que me arruinara la tarde 125 años después en La Bòbila de Gavà.
Además, McCrum no inventó, al menos directamente, las tandas de penaltis. En esto, el libro señala tres vías: el alemán Karl Wald, el israelí Yosef Dagan y el español Rafael Ballester (jódeme más). Ballester: prefiero no indagar.
Después de una tanda, siempre alguien necesita consuelo. Lo sabe bien el inglés Stuart Pearce, que falló un penalti crucial en 1990. Por eso, cuando su compañero Gareth Southgate sufrió la misma desdicha en 1996, intentó animarlo. «Gareth, mañana me voy a casa a dar de comer a mis caballos y les diré ‘hemos vuelto a perder contra Alemania en los penaltis’. Y me responderán ‘¿y a nosotros qué? Queremos zanahorias’».
Es solo septiembre, pero mi equipo juega el domingo un partido que ya parece súper importante. Parece. El lunes, pase lo que pase, los caballos querrán sus zanahorias y habrá que dárselas y seguir adelante.
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