Deportes
Cuando Ronaldinho rindió al Bernabéu y a Florentino: aplausos, un hombre desnudo y la chaqueta de Roncero
Hacía un frío de mil demonios aquella noche en el Bernabéu, 20 años ya este 19 de noviembre, día de la coronación madrileña de Ronaldinho. Seguir leyendo….
…
Hacía un frío de mil demonios aquella noche en el Bernabéu, 20 años ya este 19 de noviembre, día de la coronación madrileña de Ronaldinho.
Tomás Roncero, en su día excelente cronista baloncestístico, histórico periodista del diario As y estrella catódica de la tertulia ‘chiringuitera’, paseaba por la tribuna de prensa con una cazadora del Real Madrid. Lo hacía antes de dejar escrito que Zidane era «como Tutankamón». «Un faraón imperial, pero que está para pedir la jubilación anticipada».
Los aficionados blancos, que se las habían prometido felices ante aquel proyecto galáctico donde tocaba encajar como fuera a Ronaldo, Zidane, Beckham, Raúl o el convicto Robinho (el dorsal 10), observaban ya con desconfianza al que por entonces era su entrenador, Vanderlei Luxemburgo. A aquel brasileño se le ocurrió que la única manera de ordenar el sinsentido sería dibujar algo así como un ‘cuadrado mágico’ en el campo, estratagema táctica convertida después en objeto de mofa.

Zidane y Ronaldo, en la derrota del Real Madrid frente al Barcelona del 19 de noviembre de 2005. / J. C. Hidalgo / EFE
Frank Rijkaard, que era el entrenador del Barça, un holandés que siempre traía cara de dormido y que disfrutaba como nadie de los pequeños placeres de la vida, con un ‘piti’ siempre mejor, no estaba para tantas historias. Simplemente tenía que dejar jugar a su manera a los que sabían. En el gran día de Ronaldinho, Leo Messi, un niño de 18 años, estrenó su leyenda en los clásicos.
El Ronaldinho de ahora es un señor de 45 años que se dedica a comercializar todo lo bien que puede su imagen. Gafas de folclórica, panchangas bien pagadas con tipos barrigudos, e inversiones de todo tipo, un día en un club estadounidense, el otro con ‘realities’ en los que enseña virguerías con la pelota.

Ronaldinho controla el balón en el Bernabéu el 19 de noviembre de 2005. / JORDI COTRINA
Pero hubo un tiempo en que Ronaldinho fue el mejor de todos. Y el más feliz. Su paso por el Camp Nou, demasiado breve (cinco años), demasiado intenso (dos de ensueño), no fue el de una estrella fugaz, porque su estela aún es visible. Rescató de la nada a un club que se despeñaba en la trastienda del nuñismo y al que acabó de arruinar Joan Gaspart. Y dejó estampas que perdurarán por siempre. Como el misil de madrugada que provocó un movimiento sísmico en Barcelona en la noche del gazpacho frente al Sevilla; su punterazo glorioso en Stamford Bridge el día en que Pierluigi Collina, elevado a los altares del arbitraje, sacó al Barça de la Champions; o la memorable exhibición frente al Real Madrid (0-3) que provocó la elegante reverencia del Bernabéu, completando el tanto inaugural de su enemigo íntimo, Samuel Eto’o, con dos goles que entraron de repente en el imaginario barcelonista. Un par de días antes de la exhibición, Ronaldinho ya se había tomado las fotos con el Balón de Oro que recibiría poco después, el 28 de noviembre de 2005. Arrasó a los ingleses Frank Lampartd y Steven Gerrard.
Tuvo la noche algún momento sórdido, como los protagonizados por dos tipos que se dedicaban a asaltar espectáculos. Comenzó con Jimmy Jump, tocado por su barretina, dándole una patada al balón; y acabó con otro ‘streaker, Mark Roberts, que salió desnudo al césped y, encima de su culo al aire, con el lema pintarrajeado: «Galactic Ass».

El ‘streaker’ Mark Roberts, en el clásico del 19 de noviembre de 2005 en el Bernabéu. / EFE
Joan Laporta, en su primera era en la presidencia, mantenía la compostura en el palco junto a Florentino Pérez, que también vivía su primera etapa. El presidente blanco encajó como pudo que el Bernabéu aplaudiera a Ronaldinho como hiciera con Johan Cruyff en 1974 o Diego Armando Maradona en 1983. Y dimitió tres meses después asumiendo que había «malcriado» a sus galácticos.
Ronaldinho, en los pasillos del estadio del Real Madrid, una vez acabada su obra maestra, admitía que no se había dado cuenta de que los aficionados blancos le aplaudían. Lo vio después en los monitores.
En tiempos en que la viralidad se entendía de aquella manera, se hizo famoso un aficionado con bigote, Juan Sánchez, que aplaudió sin reparos mientras las cámaras de televisión se recreaban en una estampa ‘goyesca’. Juan, por cierto, no tardaría en afeitarse el mostacho porque su mujer le convenció de que estaba más guapo sin la mata. No se hizo viral otro hincha que aplaudía mientras sostenía con los dientes un botellín de agua de plástico, u otro que lo hacía, con porte señorial, cigarrillo en boca. Eran tiempos en que se fumaba de lo lindo en las gradas.

Los aficionados del Bernabéu aplaudieron a Ronaldinho el 19 de noviembre de 2005. / EP
Todo porque Ronaldinho entró en éxtasis. En su primer gol corrió durante 53 metros en los que tocó siete veces el balón en 13 segundos. Al jovencito Sergio Ramos (19 años) nadie le había explicado que no fuera como un loco a por Ronaldinho si no quería salir malparado. El sevillano se quedó clavado. Pero también Iván Helguera, incapaz de entender la finta, e Iker Casillas, que decía «flipar» después de que el brasileño le marcara con la derecha.
Deco, uno de los grandes aliados de Ronaldinho en ese ‘Rat Pack’ del que también formaba parte Thiago Motta, sabía mejor que nadie que no había más que darle la pelota a ‘Ronnie’. Y este se puso otra vez a correr sin que Sergio Ramos sintiera el miedo. Claro, volvió a ir a por él. Otra vez fracasó. Diez segundos y seis toques fueron suficientes para que Casillas se hartara. Y para que la grada del Bernabéu se pusiera a aplaudir en pie.
Rijkaard, abrazado a Ten Cate (de los pocos que se atrevían a afearle a Ronaldinho sus andanzas nocturnas), se deshizo en elogios: «Fue una maravilla por velocidad, control, técnica, remate…». A Guti no le gustó un pelo que su gente aplaudiera a quien no debía -«me duele»-. Y Xavi Hernández remató: «El público es inteligente».
Suscríbete para seguir leyendo
