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El Mundo

Conmoción en Francia por el asesinato en Marsella de un joven de 20 años hermano de un activista ‘antinarco’

Eran pasadas las dos de la tarde cuando Mehdi encontró, por fin, aparcamiento en el centro de Marsella, algo nada fácil en una ciudad cada vez menos amigable para los coches. En ese momento, una motocicleta con dos pasajeros se detuvo junto al vehículo. Sin mediar palabra, uno de ellos disparó al joven de 20 años varias veces. La moto aceleró…

Eran pasadas las dos de la tarde cuando Mehdi encontró, por fin, aparcamiento en el centro de Marsella, algo nada fácil en una ciudad cada vez menos amigable para los coches. En ese momento, una motocicleta con dos pasajeros se detuvo junto al vehículo. Sin mediar palabra, uno de ellos disparó al joven de 20 años varias veces. La moto aceleró y se dio a la fuga. Mehdi Kessaci murió casi al instante.

Este podría haber sido un caso más en la larga lista de jóvenes asesinados por el narcotráfico en Marsella, si no fuera porque esta muerte se ha convertido en un «punto de inflexión» para las autoridades francesas. Mehdi era el hermano del activista medioambiental Amine Kessaci, conocido por llevar años señalando a los narcotraficantes de la zona, y había sido amenazado por ello, obligándole a estar bajo protección policial desde hace meses. Ahora, el Ministerio del Interior cree que se trata de un «crimen de intimidación». Una teoría compartida con el fiscal de Marsella, Nicolas Bessone, quien afirmó de que se trata de «un acto deliberado» dirigido a «silenciar» al activista. 

«Esto no es un ajuste de cuentas clásico, como lamentablemente hemos visto en el contexto de la lucha contra el narcotráfico. Es, claramente, un crimen de intimidación», declaró este martes ante la prensa el ministro del Interior, Laurent Nuñez, recalcando que el asesinato de Mehdi fue un intento de «enfurecer» a su hermano, «que se pronuncia en contra del narcotráfico, lo denuncia diariamente y dirige una asociación».

Problema enquistado

El narcotráfico ya es un problema enquistado en Francia. En los primeros seis meses de 2025, las autoridades incautaron 37,5 toneladas de cocaína, un 45% más que en el mismo período de 2024, una cifra récord, como también lo es el número de muertes; solo en 2024, se registraron 367 asesinatos o intentos de asesinato relacionados con la violencia vinculada al narcotráfico. 

Pese a que el Gobierno ha declarado públicamente la guerra a esta lacra, las organizaciones criminales van un paso por delante del sistema. El exministro del Interior y actual de Justicia, Gérald Darmanin, lleva años alertando de la «mexicanización» del país, en referencia, al soborno de funcionarios e instituciones, al uso de menores por parte del narco, o a una violencia cada vez más extrema. Como respuesta, las autoridades aprobaron el pasado verano una ley más represiva que endurece las condenas y crear departamentos jurídicos especializados en delitos de drogas graves. 

«No creo en un enfoque puramente represivo; es evidente que no funciona. Tenemos un Estado desangrado, sin presupuesto, pero los narcotraficantes se frotan las manos; ellos no tienen ningún problema de presupuesto», afirmó Mathieu Croizet, abogado de la familia Kessaci, quien insiste en que «los grandes anuncios están muy bien, pero las medidas concretas son mejores». Sobre estos grandes anuncios, el letrado se refiere a la inauguración de la cárcel de máxima seguridad que alberga, desde el pasado julio, a los 100 narcotraficantes más peligrosos del país. Mientras que sobre las medidas concretas, apunta al déficit de una treintena de jueces en Marsella, ciudad donde las causas judiciales por narcotráfico se amontonan en los despachos. 

Reunión extraordinaria en el Elíseo

La muerte del pequeño de los Kessaci ha traspasado una nueva línea roja; la intimidación de un activista a través del asesinato de un familiar. Una línea que despierta viejos fantasmas, como el asesinato del juez de instrucción, Pierre Michel, en 1981 a manos de la mafia marsellesa. 

Emmanuel Macron no quiere regresar a aquella época, si es que en algún momento Francia salió de ahí. Por eso que este martes convocó una reunión en el Palacio del Elíseo, a la que asistieron; el primer ministro, Sébastien Lecornu, varios ministros, entre ellos el de Justicia y el de Interior, el fiscal de Marsella, y el director general de la Policía. 

Según el Elíseo, la reunión se centró principalmente en la «implementación» y el «fortalecimiento» de la ley contra el narcotráfico, promulgada en junio, que prevé «la creación de la Fiscalía Nacional para la Lucha contra la Delincuencia Organizada (PNACO)», entre otras cosas. 

Unos narcotraficantes «cada vez más nerviosos»

Tras el encuentro en el palacio presidencial, el ministro del Interior, declaró que las autoridades llevan meses observando que los narcotraficantes, especialmente las mafias de Marsella, «están cada vez más nerviosos» ante la presión del Gobierno y «las acciones cada vez más efectivas». 

Sin embargo, las asociaciones vecinales de los barrios afectados mantienen su escepticismo. En los últimos años, la violencia en estas zonas se ha recrudecido, condicionando incluso la vida cotidiana; los tiroteos con armas automáticas se han convertido en un habitual, como también, el aumento de los menores encargados del trabajo sucio del negocio de la droga. Precisamente, días antes del asesinato de Mehdi, un niño de 12 años fue herido grave en Grenoble tras recibir tres disparos mientras se encontraba en un punto de droga. El menor era conocido por la policía por su relación con el narcotráfico. 

El ministro de Justicia insiste en que estas muertes deberían ser «un punto de inflexión aterrador para concienciar a toda la sociedad francesa del peligro de esta mafia del narcotráfico». Sin embargo, el problema va más allá porque la droga se ha convertido en fenómeno enquistado en el tejido social francés. 

En Francia, comprar droga es ya casi más fácil que comprar carne. No hay festivos y a cualquier hora del día, a través de aplicaciones móviles, se pueden conseguir todo tipo de sustancias y, en cuestión de minutos, tenerla en la puerta de casa. De ahí que, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, insista en que la lucha contra el narcotráfico no solo se centra en las organizaciones, sino también en los compradores, quienes potencian este negocio ilegal; «Si no hubiera consumidores, no existiría nada de esto, todas estas tragedias, todos estos crímenes, todo este tráfico», afirmó este martes.

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