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Comaneci: «Trabajé tanto que pude decir a los hombres: ‘Lo siento, pero soy mejor que vosotros'»

Nadia Comaneci es un rostro habitual en la agenda deportiva madrileña, «una ciudad que me fascina». En este caso atiende a EL PERIÓDICO con motivo de la celebración de «Metafuturo», un foro de debate y reflexión sobre los desafíos globales organizado por Atresmedia. Sonriente y carismática, la gimnasta rumana está organizando una gran gala para celebrar el año que viene las…

Nadia Comaneci es un rostro habitual en la agenda deportiva madrileña, «una ciudad que me fascina». En este caso atiende a EL PERIÓDICO con motivo de la celebración de «Metafuturo», un foro de debate y reflexión sobre los desafíos globales organizado por Atresmedia. Sonriente y carismática, la gimnasta rumana está organizando una gran gala para celebrar el año que viene las Bodas de Oro de aquel 10 que recibió en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976. Un 10 que la convirtió en el icono de la perfección en el deporte y que le abrió las puertas a una vida que «no había previsto ni en mis sueños».

-El año que viene se cumplirán 50 años de aquel ejercicio puntuado con el 10 que le cambió la vida, ¿qué recuerdo tiene?

-Recuerdo cómo me sentía y cómo sucedió. Esa niña de 14 años sigue dentro de mí.

-No hay muchos que recuerden que en el marcador salió un 1.00.

-Sí, no hay muchos que sepan eso. El marcador no podía reflejar el 10 y lo más alto que podía llegar era a 9,95. Así que me pusieron un 1,00. Pero aquel 10 lo que hizo es que la gente se preguntase quién era, de dónde venía, qué era Rumanía… Y todo fue un boom de un día para otro. Aunque ese boom no fue instantáneo para mí, porque llevaba en el gimnasio desde los 6 años (se ríe).

-¿Tiene la sensación de que alcanzó la perfección en aquel ejercicio?

-No, podría haberlo hecho mejor. Pero lo que hice entonces era mejor que lo que hacía el resto porque yo realizaba elementos que nadie había visto hacer antes. Como no había redes sociales una no sabía lo que hacían los otros equipos. Recuerdo que la chica que iba antes que yo sacó un 9,9, y sin pecar de arrogante creo que hice mucho más y pareció muy fácil. Así que el 10 era lógico. La perfección es alcanzar la excelencia en un momento particular. Y yo hice el mejor ejercicio que se había hecho hasta entonces en aquel momento. Así que supongo que el 10 lo merecía, pero siempre he pensado que podría haber mejorado la ejecución del ejercicio del 10.

-Desde entonces es usted una leyenda y se ha convertido en una de las mejores embajadoras del deporte. ¿Qué significa el deporte para usted?

-El deporte es mi vida porque empecé cuando tenía seis años, simplemente porque tenía demasiada energía. Mi madre me apuntó. Nadie me dijo que dar vueltas cabeza abajo no era una carrera a la que podía dedicarme o que no me llevaría a ningún sitio. Me gustó porque hice nuevos amigos y me gustaba hacer acrobacias. Luego empezamos a competir. Me gustaban las competiciones y los retos. No era muy buena al principio, así que tardé un tiempo en empezar a brillar y a ganar medallas. Había competiciones en las que me daban un siete y recuerdo que una vez hasta me caí tres veces de la barra de equilibrio. Pero me gustaba descubrir quién era yo misma, cómo de buena podía ser, cuáles eran mis capacidades. Y cuando me retiré, me di cuenta de que muchos de los valores que aprendí en el deporte los aplicaba en mi trabajo: cuidarte, disciplina, levantarte, dormir… Así que dejé de competir, pero me quedé vinculada al deporte, que es mi vida.

-Con seis años y la presión que siempre ha habido en la gimnasia, ¿no tuvo ganas de abandonarlo en algún momento?

-Sí había, pero nunca me planteé dejarlo. Tenía seis años y hasta los catorce no me convertí en la mejor gimnasta del mundo. Mejor incluso que los chicos. Creo que a base de trabajo y de no darme por vencida me gané el respeto en una cultura que, hace 40 o 50 años, estaba dominada por los hombres. Les pude decir: ‘Lo siento, pero soy mejor que vosotros’. Así me gané respeto. No había muchos deportes femeninos entonces, algo que ahora afortunadamente ha cambiado. Y la presión… La presión existe siempre en la vida. Hagas o no deporte, tienes la responsabilidad de lograr cosas y la presión de rendir. Es parte de la vida.

Nadia Comaneci, delante de los marcadores de Montreal-76, tras obtener un 10.

Nadia Comaneci, delante de los marcadores de Montreal-76, tras obtener un 10. / EPC

-Usted reivindica el deporte como una manera de educar a la sociedad.

-Sí, creo que el deporte es necesario. Los Juegos Olímpicos son increíbles y la gente joven que ve a las atletas luego dice: ‘Quiero ser como ellas’. Lo cual es fantástico, pero hay que empezar por algún sitio. Siempre decimos a los padres: ‘Los niños están cargados de energía. Por favor, métanlos en deporte para que la consuman. Durante tres o cuatro horas estarán en un lugar seguro, haciendo acrobacias’. Y ahora más que nunca, porque veo a esta generación, y sé de lo que hablo porque tengo un hijo de 19 años, que está demasiado tiempo enganchada al teléfono. Falta comunicación física, juego en equipo, estar juntos sin esos smartphones…

-Sostiene que nunca hay que rendirse en los días malos, que siempre hay que esforzarse para levantarse. ¿Tuvo muchos días malos en su carrera?

-Te confieso que no recuerdo los días malos. Pero sí, había días en los que mi cuerpo no se sentía bien para hacer acrobacias. Y entonces pensaba: ‘Si esto pasa en los Juegos Olímpicos, ¿qué hago? ¿Tengo un plan B, un plan C? ¿Puedo hacer algo más sencillo pero seguir compitiendo?’. Y eso también lo entrenábamos. Así que cuando tenía un día malo y competía, no entraba en pánico porque pensaba que sabía cómo manejarlo porque ya me había pasado anteriormente. Todos tenemos días malos. Yo aún hoy a veces me levanto por la mañana y no me siento en mi mejor momento, pero no queda otra que tirar adelante.

-Usted se convirtió, después de aquel 10, en el símbolo de la perfección en el deporte. ¿Cree en la perfección o la persigue?

-(Se toma su tiempo para responder) ¿Qué es la perfección? Para mí es intentar encontrar tu mejor capacidad y, en algún momento, ser mejor que los demás. Pero cuando llegas ahí, todos quieren llegar más alto que tú. No hay una línea de meta. Siempre digo a los niños: ‘A través del deporte descubres un poco quién eres. ¿Eres el más rápido? ¿El más fuerte? ¿El más divertido? ¿El que más ayuda al equipo?’. Hoy los niños crecen sin saber quiénes son. Necesitan encontrar su identidad y con el deporte es más fácil pasar por esas etapas de crecimiento.

-Hoy la salud mental es fundamental para los deportistas. ¿En sus tiempos como gimnasta hablaban de ello?

-No, nadie hablaba de salud mental. Sentíamos cosas como nervios, ansiedad… Todas lo sufríamos. No es algo nuevo, pero teníamos que descubrir qué hacer cuando nos sentíamos así. Escuchar música, ir al parque, ir al cine… Teníamos que averiguarlo por nuestra cuenta, porque no había comunicación abierta ni información sobre ello.

-¿No hablaban con las compañeras y las rivales sobre ello?

-Sí, lo hablábamos discretamente entre nosotras. Todas decíamos: ‘A veces yo también me siento así’. Pero no era algo que se hiciera público. Era otra mentalidad. Ahora se entiende que es parte de la vida y de la preparación de élite. Y cuando lo sientes, hay tres, cuatro o cinco maneras de afrontarlo. Eso es lo que ha cambiado. Y me parece un gran avance.

-¿Cree que Simone Biles es un buen ejemplo?

-Lo es. Lo sufrió en medio de los Juegos Olímpicos y dijo: ‘Así me siento, y es peligroso para mí competir’. Creo que abrió la puerta a la conversación. Y ahora cada equipo o deporte de élite tiene a una persona con la que hablar si te sientes así. Fue muy valiente.

-¿Ha cambiado mucho la gimnasia desde su época a la actual?

-El equipamiento es diferente: mucho mejor y más seguro. También hay más longevidad para los gimnastas porque pueden competir en universidades, lo que es muy bueno para sus familias porque pueden conseguir becas. Ahora puedes ganarte bien la vida con la gimnasia porque hay premios económicos. Así que permanecen más tiempo en el deporte. Y sobre la competición hoy en día suele ocurrir que después de los Juegos Olímpicos el nivel baja un poco y luego vuelve a subir dos años antes de los siguientes Juegos.

-Es usted amante de todos los deportes, pero uno de los que más practica es el tenis.

-Sí, me gusta mucho el tenis. Vengo a ver el torneo de Madrid siempre y juego al tenis, al pádel, al pickleball y hasta al ping pong. Solo por diversión. Todo lo que tenga una raqueta…

-¿Quiénes son tus deportistas preferidos?

-Es difícil elegir, pero por seguir hablando de tenis, aquí hay tres grandes estrellas, por ejemplo. Djokovic es un gran amigo y le respeto mucho por su trabajo duro: competir a su edad con jugadores de 18 años no es fácil. Es muy dedicado y una persona muy divertida. Rafa (Nadal) es una persona increíble y Roger (Federer) también lo es. No puedo elegir solo uno porque los adoro a todos. Pero son tres deportistas que trascienden a su deporte.

-Una última, ¿cree que Madrid podría volver a presentar una candidatura olímpica?

-Hoy he hablado con el alcalde. Es alucinante, todo pasa por Madrid. Siempre lo felicito porque traiga tantos eventos deportivos aquí. Estuve el domingo en el Bernabéu viendo la NFL, Fue un espectáculo increíble. Vengo al tenis, van a traer la Fórmula 1… ¿Madrid, sede de los Juegos? ¿Quién sabe? ¿Por qué no? Ustedes son gente hospitalaria, divertida y deportista. Yo sí creo que Madrid podría albergar unos Juegos.

-Muchas gracias.

-Gracias a ustedes. España siempre me recibe con mucho cariño.

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