El Mundo
China escenifica con su desfile militar que pretende crear un nuevo orden mundial y tiene armas y amigos para defenderlo
China ansía la paz pero no le teme a la guerra ni le faltan amigos. Ha servido el mayor desfile militar chino de la Historia para sentar que ya no es aquel paria que fue descuartizado por Japón en uno de sus episodios más traumáticos. Se cumplen hoy 80 años desde que ganó aquella guerra contra el fascismo, celebrados con 80…
China ansía la paz pero no le teme a la guerra ni le faltan amigos. Ha servido el mayor desfile militar chino de la Historia para sentar que ya no es aquel paria que fue descuartizado por Japón en uno de sus episodios más traumáticos. Se cumplen hoy 80 años desde que ganó aquella guerra contra el fascismo, celebrados con 80 cañonazos retumbando en la Plaza de Tiananmén, donde Mao fundaría poco después la República Popular China.
Urge evitar los errores del pasado, ha recomendado su presidente, Xi Jinping. “Hoy el mundo tiene que elegir de nuevo entre paz y guerra, entre diálogo y confrontación, entre cooperación beneficiosa o juego de suma cero”, ha advertido. A Xi, con media docena de desfiles a sus espaldas, se le intuye cómodo. Son ya un género en sí mismo. Empiezan con él pasando revista a la soldadesca desde un Hongqi descapotable, la histórica limusina patria, y felicitándoles por su trabajo. Y acaba con las miles de palomas blancas liberadas al cielo pequinés cuando aún no se han disipado las estelas coloreadas de los cazas.

Un momento del desfile militar en Pekín. / EFE
De estas celebraciones castrenses se espera que el protagonismo se lo repartan los aviones supersónicos, los misiles intercontinentales o los drones. Cuando trascendieron los invitados, se entendió que la atención estaría en el palco. Hasta ahí caminó Xi, con el traje Mao oscuro de las grandes ocasiones, flanqueado por Vladimir Putin, presidente ruso, y Kim Jong-un, líder norcoreano, mientras mostraban sus respetos y agradecimientos a los veteranos soldados de aquellas guerras. Nunca se les había visto juntos antes y las imágenes certificaron una sintonía que provoca inquietud en Occidente.
Viraje geopolítico
Más allá de los dictadores, también estaban ahí una veintena larga de líderes, casi todos del Sur Global, escenificando su anhelo de un nuevo orden. Con los habituales corresponsales de medios occidentales compartían sudores bajo la inclemente canícula decenas de periodistas africanos y latinoamericanos invitados por Pekín durante unos meses que regresarán a sus países con agradecimientos. Así lo hacen los miles de jóvenes de países en vías de desarrollo becados en universidades chinas. Esa red de simpatías crecientes es la que conforma un viraje geopolítico del que también participan admirables democracias como la india, la brasileña o la sudafricana.
El acto tuvo la enjundia prometida. Impresiona cómo decenas de miles de personas guardan un silencio tan profundo durante el himno chino que permite escuchar el graznido de una garza en el corazón de la ciudad. Unos 10.000 soldados marcharon después al paso de la oca con esa sincronización que sólo los norcoreanos pueden empatar. Tras el repiqueteo de las botas llegó el zumbido de los motores: tanques, misiles, cazas…

Vladímir Putin, Xi Jinping y Kim Jong-Un, antes del desfile militar en Pekín. / EFE
El escaparate chino
China puso en el escaparate las armas más rutilantes y avanzadas que en algún campo ya rivalizan con las estadounidenses. El Ejército de Liberación Popular no es excesivamente fiable a la hora de pelear, con un empate en Corea como resultado más rescatable, pero ninguno le supera en la gestión de desastres naturales y borda los desfiles. Xi lo heredó sobrepoblado, con soldados mal preparados y peor pagados y una corrupción rampante que subastaba los ascensos al mejor postor: la segura receta para el bochorno en un escenario bélico. Xi apostó por modernizarlo priorizando la calidad sobre la cantidad y se ha esforzado en limpiarlo. En apenas un año han sido destituidos tres ministros de Defensa. Un enfrentamiento entre Pakistán e India meses atrás fue recibido como el corolario del éxito: los cazas chinos de la primera abatieron sin piedad a los prestigiosos Rafale franceses de la segunda.
Ha repetido hoy Xi que es “imparable el rejuvenecimiento del pueblo chino”. La jornada ha subrayado que queda muy poco de aquel país martirizado por el colonialismo europeo y el imperialismo japonés. A Mao le revelaron que sólo disponía de 17 aviones para la ceremonia de fundación de la República. Que pasen dos veces para que parezcan más, resolvió.
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