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Carta de la madre de una ‘Leona’: La jugada que empezó en mi vientre

El día del partido contra las ‘Black Ferns’, el corazón me temblaba. El rival imponía, la haka retumbaba. Y yo, como madre y exjugadora que se enfrentó en 1988 a las neozelandesas con 18 años, lo rememoré en mi piel. Treinta y siete años después, veía a mi hija enfrentarse al mismo rival, y recordé aquel miedo que también tuve en…

El día del partido contra las ‘Black Ferns’, el corazón me temblaba. El rival imponía, la haka retumbaba. Y yo, como madre y exjugadora que se enfrentó en 1988 a las neozelandesas con 18 años, lo rememoré en mi piel. Treinta y siete años después, veía a mi hija enfrentarse al mismo rival, y recordé aquel miedo que también tuve en el campo. Entonces pensé: si yo pude, ella también podrá. Dejé fluir la haka, transformé mi temor en confianza, la misma que hoy Alba lleva tatuada en su brazo.

Su rugby empezó mucho antes de vestir la camiseta de las Leonas. Empezó en mi vientre. Semana 35: Alba giraba sin parar, buscaba colocarse, daba vueltas para encontrar espacio. Era el ensayo de un ruck: chocar, rodar, levantarse. Ahí comenzó todo.

Su nacimiento fue una jugada breve, dura. Cesárea preparada, forceps a punto. Y yo dije no. Que empuje su comadrona, como ayer empujaron sus compañeras. Y entonces nació Alba, y con ella vino la marca de las Leonas: la felicidad absoluta de quince jugadoras, la felicidad de verla salir entre sus compañeras para celebrar la marca, y yo verla nacer. Esa marca llevó el nombre de todas y cada una de ellas. Como dice Alba y todas sus compañeras: ellas juegan por todas y para todas.

Esta vez frente a Nueva Zelanda, cada choque suyo me recuerda aquellas vueltas en mi barriga. Cada giro técnico, la manera en que buscaba espacio antes de nacer. Cada ensayo, el eco de aquel primer día. Alba Capell es ahora Leona, pero siempre será esa niña que aprendió a luchar antes de respirar. Una jugadora de sacrificio, de empuje, de determinación. Y para mí, la felicidad de verla crecer en el campo… y en la vida.

Alba Capell sigue jugando cada partido como lo hizo desde el primer día: con fuerza, con coraje… y con la alegría de quien aprendió a luchar antes de respirar.

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