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Asignatura pendiente, por Lluís Carrasco

Corría la segunda mitad de los años 70 Una época en que vas dejando atrás la infancia de piruleta y yoyó, para dirigirte, con más prisa que lógica, a la adolescencia y en quieres saber más y más de todo lo que te rodea. Ganas de descubrir y pudor, mucho pudor post-franquista, pero como cantaba Serrat a mí se me negaba:…

Corría la segunda mitad de los años 70… Una época en que vas dejando atrás la infancia de piruleta y yoyó, para dirigirte, con más prisa que lógica, a la adolescencia y en quieres saber más y más de todo lo que te rodea. Ganas de descubrir y pudor, mucho pudor post-franquista, pero como cantaba Serrat a mí se me negaba: “Niño, deja ya de joder con la pelota… Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca…”

Un poco ese sentido de frustración de quien tiene hermanos mayores, y percibe que ellos sí están descubriendo un mundo que a ti se te oculta por aquello de no estás preparado, no tienes edad o aun no te toca… En esa época de un cine, o de destape, o de género catastrofista con terremotos, barcos que se hundían y edificios colosales en llamas, a un servidor (y no me pregunten porqué) le interesaba más el primero, y entre esas películas me llamaba entonces la curiosidad una titulada ‘Asignatura pendiente’ de Sacristán y Fiorella Faltoyano, que tuve que esperar algún tiempo en ver y que no resultó ser de “tetas” sino una delicia sobre un amor no terminado y un polvo jamás consumado.

Temporada «perfecta»

Y hoy me vuelvo a sentir ese niño al que se le ocultaba la libertad, pero sabiendo que, al final, sucede lo que tiene que suceder y todo acaba bonito. Tanto nuestros chicos como nuestras chicas han hecho la temporada perfecta, y digo “perfecta” y no “casi perfecta”, porque me parece también delicioso que ambos, juntos, como en una conspiración y una provocación al tiempo, parecen no haber querido consumar del todo el amor con una afición, y parecen haberse puesto de acuerdo para dejar esa asignatura pendiente.

Nos han seducido, nos han excitado, nos han hecho soñar, y tras ponernos en los labios las mieles del placer infinito que hubiesen supuesto esas Champions, parecen habernos retirado el tarro, invitándonos a seguir confiando y a esperar. Han dejado la misma asignatura pendiente y nos han prometido que la aprobarán. No creerles resultaría mezquino. Yo les esperaré.

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