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Aitana, no pidas perdón
A estas mujeres se les exige ganar con el pretexto de que son las mejores. Y ellas mismas se saben condenadas por el éxito, porque siempre supieron que, de no haber ganado tanto, de no haberse dejado la vida por unos títulos que se dan por descontados en una sociedad que repudia a quien pierde, aún continuarían siendo despreciadas bajo el…

Aitana Bonmatí, tras la derrota del Barça en la final de la Champions de Lisboa. / Ap
A estas mujeres se les exige ganar con el pretexto de que son las mejores. Y ellas mismas se saben condenadas por el éxito, porque siempre supieron que, de no haber ganado tanto, de no haberse dejado la vida por unos títulos que se dan por descontados en una sociedad que repudia a quien pierde, aún continuarían siendo despreciadas bajo el manto del olvido. Por eso Aitana Bonmatí, doble Balón de Oro, cuando se le secaron las lágrimas tras perder la final de la Champions, pidió perdón. Yes esa la peor derrota. Tener que discuplarse.
El Barça iba embalado hacia su tercera Champions seguida, la que hubiera sido la cuarta de la historia. Había preparada una celebración en la avenida Maria Cristina de Barcelona para este domingo –porque la rúa se sigue reservando para los hombres– y sólo quedaba un último contratiempo en el que sólo parecían reparar las jugadoras: aún había que ganar al Arsenal, subcampeón inglés, con Mariona Caldentey como mejor futbolista de la Women’s Super League, y que ya se había llevado por delante al Olympique de Lyon, el club más laureado de Europa pese a su momento crepuscular.
De acuerdo, el Arsenal no había vuelto a ganar la Champions desde que la conquistara hace 18 años. Pero tenía argumentos suficientes como para ser tratado como algo más que un simple invitado a la final de Lisboa. De hecho, quien zanjó el partido fue la sueca Blackstenius, suplente y que ni siquiera había marcado en el torneo.
Puestos a desmenuzar las causas de la derrota del Barça, claro, las explicaciones son sencillas de resolver a posteriori. El equipo azulgrana, acostumbrado a rivales que aguardan sentadas en el cadalso en una Liga F que apenas sirve como campo de pruebas, evidenció que no esperaba una presión alta del Arsenal. Ahí comenzaron los problemas y la precipitación. Patri Guijarro, que es quien mejor controla el pulsómetro, se vio en un duelo en que ni había manera de respirar, ni de encontrar espacios porque la pelota se convirtió en un balón medicinal. Alexia y Aitana quedaron enredadas en un bosque de piernas. Y Claudia Pina, titular en Lisboa, que se significa por arrancar peligro desde la nada, fue sacrificada por Pere Romeu con todo por decidir. En una final, no es fácil sentar a jugadoras con más caché.
Antes de que empezara la final, a Maria Oliver, madre de Mariona, le temblaban las manos. Así se lo confesó a los compañeros de RAC1 que hacían guardia a las puertas del estadio José Alvalade. Estaba tan nerviosa que ni siquiera quiso agarrar el teléfono móvil y escribir a su hija. Mariona, futbolista franquicia del Arsenal, se disponía a ganar la cuarta Champions de su carrera ante ese Barça que fue su refugio durante una década. Y Maria, consciente de lo extraña de la situación, prefería dejar a su hija en paz. Que viviera el fútbol como siempre hizo, con un amor y un respeto por el juego que no siempre encontró el foco mediático que merecía.
Cuando la tarde se derrumb, Mariona acudió a consolar a Aitana. Lloraba por no haber sido capaz junto a sus compañeras de tomar un título que el bendito entorno celebró antes de haber sido conquistado.
Aitana, sí, pidió perdón. Como si tuviera que soportar una carga que sólo corresponde a quien nunca quiso entender.
